miércoles, 7 de junio de 2017

El rey Favila y la corte de la monarquía astur de Cangas de Onís

Ermita de la Santa Cruz en Cangas de Onís
La aproximación a la figura del segundo rey de la monarquía asturiana: Favila o Fafila, resulta una empresa arriesgada, debido a la dificultad de deslindar el personaje estrictamente histórico del halo de leyenda que siempre le ha acompañado. Su breve reinado, de sólo dos años, no dejó apenas huella en las crónicas medievales, y por ello, sobre la base de mitos y tradiciones, se fue forjando un relato que ha llegado hasta nosotros muy difuminado.

La Crónica de Alfonso III, en su versión “Rotense”, concluye de la siguiente manera el largo registro de las peripecias de su padre, el rey Pelayo: “Y vivió en el trono diecinueve años. Terminó su vida en Cangas, de muerte natural, en la era 775". A continuación inserta unas breves líneas sobre su sucesor: “Tras él su hijo Fávila ocupó el puesto de su padre. Edificó, en una obra admirable, una basílica en honor de la Santa Cruz. Vivió breve tiempo. Se sabe que a causa de una ligereza fue muerto por un oso en el segundo año de su reinado, en la era 777".

La versión “A Sebastián” de esta misma crónica apenas proporciona variantes, pero silencia la construcción de la basílica dedicada a la Santa Cruz: “Pelayo, tras completar el año decimonoveno de su reinado, falleció de muerte natural en la era 775. Le sucedió en el trono su hijo Fávila. Este, por lo escaso de su tiempo, no hizo nada digno de la historia. A causa de una ligereza fue muerto por un oso, en el segundo año de su reinado, en la era 777".

La Crónica Albendese nos transmite el siguiente testimonio: “Primero en Asturias reinó Pelayo, en Cangas, durante dieciocho años [...] y por la divina providencia surge el reino de los ástures. Murió el rey dicho Pelayo en el lugar de Cangas, en la era 775. Su hijo Fávila reinó dos años. Este, llevado por su ligereza, fue muerto por un oso”.

La crónica del obispo de Oviedo Pelayo precisa que el rey Favila fue enterrado en esta iglesia de Santa Cruz. El Cronicón de Sampiro y la Historia Silense ni tan siquiera mencionan el reinado de Favila, pero la construcción de la iglesia o basílica de la Santa Cruz la recogen otras muchas crónicas medievales.

En la primera mitad del siglo XIII, el cronista Lucas de Tuy, se limita a recoger lo ya conocido, con alguna información adicional: "En la hera de sieteçientos y treynta y quatro, Fauila, fijo del rey Pelayo, sucçedio en el reyno y hedificó yglesia en honrra de Sancta Cruz con obra marauillosa. Y matolo vn oso por vna ocasion de ligereza, porque quiso pelear con él con sus propias manos. E reynó dos años".

El arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, ofrece algún detalle nuevo en su "De rebus Hispanie": “Mortuo Pelagio, cepit regnare Fafila filius eius Era DCCLXX, et regnavit annis duobus; qui levitate ductus, plus debito venationibus insistebat, et quadam die dum ursum insequi niteretur (decreverat enim cum urso singulariter decertare) ab eodem urso fuit miserabiliter interfectus. Iste dignum memoria nihil egit, nisi quod quandam ecclesiam sancte Crucis pulchro opere decoravit”.

La "Estoria de España" de Alfonso X, el Sabio, deja en bastante mal lugar la figura del monarca astur: “Luego que fue muerto el rey don Pelayo alçaron los altos omes del reyno a Fauila su fijo por rey, e reino dos años [...] Cuenta la estoria que el rey don Fauila luego en comienço de su reynado començo a fazer una ygresia de muy gran obra a honra de Santa Cruz de nuestro Señor Jesuchristo [...] Cuenta la estoria que este rey don Fauila fue ome muy liuiano de seso; y amaua la caça mas que otro ome, e yendo corriendo monte un dia fallose con un oso; y defendio a todos los suyos que a el solo gelo dexassen, e atreuiendose en su fuerça fue a lidiar con con el uno por otro, e fue assi por la su mala ventura que lo mato el osso”.

La noticia de la muerte del rey Favila a manos de un oso es repetida de forma insistente por todos los cronistas. Sobre esta cuestión mucho se ha escrito, incluyendo interpretaciones de lo más variopinto. La presencia de osos en la comarca está documentada desde antiguo, y los ataques e incidentes debieron ser relativamente frecuentes. A este respecto cuenta Ambrosio de Morales a propósito de la iglesia de Santa Eulalia de Abamia: “El día que yo estuve era Domingo, y parecía que estaba allí el real del rey don Pelayo, pues había al derredor de la Iglesia más de doscientas lanzas hincadas al derredor de la iglesia de los que veían a Misa. Y dan su razón del traerlas que, como vienen a misa por aquellas breñas, pueden encontrar un oso de que hay hartos, y quieren tener con qué defenderse dél”.

Las crónicas más antiguas dejan claro que en Cangas de Onís se estableció un primer centro político cristiano, pero entendido como sede o residencia del monarca y su corte. En unas estructuras de poder tan rudimentarias los conceptos de capitalidad o de estado serían totalmente inconcebibles.
La villa de Cangas de Onís está asociada a los cuatro primeros reyes de la monarquía astur: Pelayo, Favila, Alfonso I y Fruela. De los cuatro sabemos que vivieron y murieron en este lugar, e incluso que el último: Fruela fue asesinado en la corte víctima de la conspiración de un sector de la nobleza. También a los cuatro se les atribuyen enterramientos en diversas iglesias o monasterios enclavados en el actual concejo de Cangas de Onís.
Hasta el año 1936 se conservó en la ermita de la Santa Cruz de Cangas Onís un excepcional testimonio epigráfico correspondiente a este reinado. Se trata de la consagración de una basílica dedicada a la Santa Cuz por el rey Favila y sus esposa Froiluba en el año 737. Su texto ha sido reproducido infinidad de veces. Ofrecemos a continuación la transcripción de A. Arbeiter y S. Noack-Haley, completada con alguna matización reciente de Daniel Rico Camps

[RESUR]GIT EX PRECEPTIS DIVINIS
HEC MACINA SA[CRA ] // OPERE
EXIGUO COMTUM FIDELIBUS
VOTIS // PRESPIC UE CLAR EAT OC
TEMPLUM OBTUTIBUS SACRIS //
DEMONS TRANS FIGURA LITER
SI GNAC ULUM ALME CRUCIS // SIT
XPO PLAC ENS EC AULA SUB CRUCIS
TRO PHEO SACRA TA // [Q]UAM
FAMULUS FAFFILA SIC CONDIDIT
FID E PRO MTA // CUM FROILIUBA
CONI UGE AC SUORUM PROLIUM
PIGNERA NA TA // QUIBUS XPE
TUIS MUNERI BUS PRO HOC SI T
GRA TIA PLENA // AC POS TUIUS
VITE DECURS UM PRE[V]ENIA T
MIS ERICORDIA LAR GA // HIC
VATE AS T[ERI ]O SACRA TA SU[N]T
ALTARIA CRIS TO // DI EI REVOLUTI
TEMPOR [IS ] AN [NI ] CCC // SECULI
ETATE PORR ECTA PER HORDIN E[M]
S[E]X[TA] // CURR ENTE ERA
SEPTIN GENTESI MA SEPTA[GES]I[MA]
QUI[N] // T[A]QUE

La traducción de Manuel Díaz y Díaz es la siguiente:

“Surge de instrucciones divinas esta construcción sagrada: adornada en su obra con los votos fieles, que este templo santo aparezca brillante a la mirada de Dios. Haciendo gala de mostrar en figura la señal de la cruz salvadora, agrade a Cristo este edificio colocado bajo la protección de la cruz, que su siervo Fávila fundó con fe viva, junto con Froiluba su esposa y las prendas queridas de los hijos de ambos: reciban, oh Cristo, por ello tu gracia repleta de dones tuyos, y tras el paso de esta vida favorécelos con tu generosa misericordia. Aquí por el obispo Astemo [o Asterio] fueron consagrados estos altares a Cristo, a los trescientos días de haberse comenzado el año, en la sexta edad del devenir ordenado del mundo, corriendo la era 775” (= 27 de octubre de 737).

Ambrosio de Morales alcanzó a ver la fábrica antigua de la iglesia, antes de las reformas del siglo XVII. "No es muy pequeña, y está en lo llano y más abierto de los valles, junto al Mercado de Cangas [...] De la iglesia digo, que es fábrica antiquísima, aunque agora está renovada por defuera de cal, y dentro blanqueada, más no la edificó Pelayo, sino Favila, o Fafila, que es todo uno, como se ve en una piedra que está sobre el arco de la capilla [...] Dentro de la Iglesia está una cueva, a que se entra por una boca como un pozo, y allá hay capilla y altar. Y allá estará el enterramiento de Favila, que como el obispo Pelayo dice, está aquí sepultado, que acá fuera no hay señal de enterramiento”.
Calco de la inscripción de la ermita de la Santa Cruz según Ciriaco Miguel Vigil


Puente medieval sobre el río Sella en Cangas de Onís
Santuario de la Virgen de Covadonga
Monumento al rey Pelayo en Covadonga

viernes, 21 de abril de 2017

El sepulcro de Petrus Deustamben en San Isidoro de León

El sepulcro de Petrus Deustamben en su estado actual en la capilla de los Salazares de San Isidoro de León
El sepulcro del maestro o arquitecto Petrus Deustamben es una cista de piedra, con tapa llana, que estuvo expuesta durante mucho tiempo en el interior de San Isidoro de León, en el ángulo suroeste de la iglesia, bajo el coro. Allí lo vieron varios autores desde época moderna, aunque no se pusieron de acuerdo sobre la cronología del personaje, ni sobre la naturaleza de las obras mencionadas en su epitafio.
Ambrosio de Morales es el primer autor que se ocupa sobre este asunto a mediados del siglo XVI: “Pues este rey (Fernando I) con haber edificado la iglesia, tuvo tanto recato de no enterrase dentro de ella, y con todo eso fue luego enterrado en ella el maestro de la obra por sus grandes virtudes y mucha de santidad. Conforme a esto dice así su epitafio, que está en una tumba alta de piedra lisa dentro de la iglesia”. A continuación ofrece la primera lectura conocida del epitafio.
En el siglo XVIII Antonio Ponz señala: “Cerca de la pila baptismal se conserva una antigua lápida del arquitecto que la hizo; es a saber, antes de la reedificación del rey Don Fernando, a lo que yo entiendo [...] tiene V., según esta lápida, un arquitecto santo”.
Por su parte, Manuel Risco ofrece una interpretación del contenido del epitafio que es la que se ha venido reproduciendo en muchas obras posteriores: “El arquitecto se llamó Pedro de Dios, cuya vida fue tan santa y abstinente, que quiso Dios manifestar su santidad, haciendo por él muchos milagros. Por esta causa todos generalmente le amaron y veneraron, siendo cada legionense un pregonero público de sus virtudes. Esta común opinión de toda la ciudad fue el motivo de que el Emperador don Alonso, y la reina doña Sancha mandasen depositar su cuerpo en un lugar señalado, como el que tiene en el mismo cuerpo de la iglesia de San Isidoro, debaxo del coro, donde está para eterna memoria de este siervo de Dios se puso en aquel tiempo la inscripción”.
A finales del siglo XIX el sepulcro se exhibía en la iglesia con muy poco decoro, como denunciaba Demetrio de los Ríos: “Siempre nos hemos acercado a la humilde tumba de Pedro con religioso respeto, e indignados de ver sobre ella sillas y otros trebejos como sobre el más despreciable poyete, los hemos arrojado con indignación del sagrado monumento que profanaban”. Otros testimonios hablan de que la tumba servía de improvisado asiento de los fieles durante las celebraciones litúrgicas.
En la actualidad se encuentra en el claustro, en la llamada capilla de los Salazares, concebida en un principio como lugar de enterramiento de los miembros de esta familia. En 1959 este espació fue reacondicionado y restaurado, bajo la dirección de Luis Menéndez-Pidal,  después de un largo periodo de ruina y desatención. También se recuperó la bóveda de escayola del siglo XVIII. La capilla cuenta con un acceso directo desde el panteón real y una verja que cierra el paso al claustro. En el ángulo noroccidental se acondicionó un rincón privilegiado para la tumba del arquitecto medieval, junto a la pila bautismal, con la que también compartía espacio en la iglesia. En fotografías del año 1925 se aprecia la tapa partida en dos grandes fragmentos, con alguna parte de la inscripción perdida. Se sabe que el enterramiento fue violentado durante la ocupación francesa del templo en la Guerra de la Independencia, como ocurrió con la casi totalidad de las tumbas reales del panteón. Los sepulcros fueron abiertos, expoliados y los restos dispersados. Posteriormente, fueron utilizados como abrevaderos y pesebres para la caballería.
Hoy la tapa de nuestro sarcófago se muestra restaurada, con algunas partes reintegradas y reconstruidas. En el año 1997 se hizo un estudio antropológico de los restos oseos del panteón real. Se constató que el número mínimo de individuos exhumados casi triplicaba la cantidad de cuerpos previsibles. Se supone que tras la profanación de las tumbas, los despojos reales se mezclaron con los enterramientos de otras dependencias de la basílica. Entre los huesos se encontraron también trozos de papel, deyecciones de caballo, restos vegetales y huesos de animales. En los informes de María Encina Prada Marcos y Julio Manuel Vidal Encinas, la tumba “del cantero D. Pedro de Deus Tamben”, aparecía identificada con el número 13. Es la que tenía el menor número de restos, con un total de 32 piezas óseas.
Como ya se apuntó anteriormente, el sepulcro no se corresponde con la inhumación original, sino que se trata de una renovación del mismo, con una inscripción probablemente reescrita en el primer tercio del siglo XIII. Fue decorado mediante la grabación en la cabecera de un grupo interesante de figuras. La factura de la escena no es obra de un artista aventajado, pero sí muy expresiva. Se reconoce al yacente amortajado y colocado sobre su sepulcro, y por encima de él dos ángeles alados portando sendos incensarios. Sobre el cuerpo del difunto se aprecia una cruz griega, soportada sobre un astil.
El largo epitafio puede dividirse en dos partes bien diferenciadas. Comienza con una línea que corre en el chaflán del borde y continúa con doce líneas debajo de la escena. La lectura, corregida y completada a partir de los editores antiguos que pudieron ver el monumento íntegro, es la siguiente:

+HI⋮Q(v)IESCIT⋮SERV(vs]⋮DEI⋮PETRVS⋮DEVS⋮TAM⋮BEN⋮Q(v)I⋮SVP(er)EDI[FIC]AVIT⋮ECCLESIA(m)⋮HA(n)C

ISTE⋮FU(n)DAVIT⋮PON
TEM Q(v)I⋮D(icitv)R⋮DE⋮D(ev)S⋮TA(m)
BEN⋮ET⋮Q(v)IA⋮ERAT
[VI]R⋮MIRE⋮ABSTI
[NENCI]E⋮ET⋮MVLTIS
[FLOR]EBAT⋮MIRA
[CULIS] ⋮O(mne)S⋮EV(m)⋮LAV
DIB(vs)⋮P(re)DICABA(n)T⋮
SEPULT(vs)⋮E(st)⋮HIC⋮
AB⋮INP(er)ATORE
ADEFO(n)SO⋮ET
SA[n]CIA⋮REGIN(a)⋮

Hi quiescit servus Dei Petrus Deus tam ben qui superedificavit ecclesiam hanc. Iste fundavit pontem qui dicitur de Deus tamben et quia erat [vi]r mire absti[nenc]ie et multis [flor]ebat mira[culis] omnes eum laudibus predicabant. Sepultus est hic ab inperatore Adefonso e Sancia Regina

"Aquí yace el sirvo de Dios Petrus Deus Tam Ben que superedificó esta iglesia. Este fundó el puente que llaman de Deus Tamben. Y porque fue un hombre de admirable austeridad y floreció por sus muchos milagros, todos predicaron sus alabanzas. Fue sepultado aquí por el Emperador Alfonso y la reina Sancha".

Quadrado precisa algunos detalles de interés sobre el texto: “Las copias de él sacadas (del epitafio) resultan harto discrepantes, especialmente en el apellido del arquitecto que unos leen “de Deo”, otros de “Deus tamben”, otros de “ustamben”, y algunos por fin de “Vitamben”. El verbo “superedificavit” indica que fue restaurador o continuador de la fábrica más bien que autor de la traza del templo”.
Aunque el sepulcro del arquitecto carece de fecha, en el epitafio se afirma, que fue enterrado allí por orden del Emperador y de la reina doña Sancha. Este emperador no es otro que el rey leonés Alfonso VII, que ocupó el trono entre 1126 y 1157. La otra persona aludida es su hermana, Sancha Raimúndez, que ostentó el título de reina y murió en 1159. No se puede afirmar de forma concluyente que Petrus Deustamben viviera en esta mima época. Cabe la posibilidad de que lo que hiciera el rey fuera simplemente trasladar su sepultura desde otro lugar a la iglesia.
En cualquier caso, no podemos otorgar a este epitafio una solvencia documental irrefutable. La escritura utilizada no se corresponde con el momento original de la inhumación. Es muy significativa la ausencia de la fecha de la muerte de nuestro personaje. Todo apunta a que se trata de una reelaboración hecha en el primer tercio del siglo XIII por la comunidad de San Isidoro a partir de tradiciones o noticias más o menos fundadas. Esta inscripción, como otras muchas del conjunto del panteón real, fue renovada o reescrita como parte de un ambicioso proyecto de reivindicación de la vinculación de la monarquía leonesa con la basílica de San Isidoro, cuyo fin último sería el de ensalzar la autoridad y el prestigio del conjunto monumental.

Identidad del personaje sepultado: Petrus Deustamben

Muy pocos datos seguros se pueden ofrecer hoy en día sobre la personalidad de Pedro Deustamben. El primer obstáculo con que nos topamos al abordar esta cuestión es el de su propio nombre, objeto de no pocas controversias. El grabador de la inscripción de su sepulcro utilizó triple interpunción para separar cada una de las palabras del texto. De ello resulta que la transcripción literal del nombre sería: “Petrus Deus Tam Ben”. Sin embargo, a continuación hace alusión al puente por él fundado y lo hace de una forma ligeramente diferente: “pontem qui dicitur de Deus tamben”.
En los documentos más antiguos que hacen alusión a este puente no se ofrecen variantes significativas. “Ponti de Deus tam bene” leemos en un privilegio de Fernando II de 1166, según la transcripción de Miguel de Manuel Rodríguez, e “illo ponte qui dicitur Deus tam bene” encontramos en un documento del monasterio de Benevívere de 1196. En otros diplomas el nombre de nuestro personaje aparece romanceado ya desde antiguo, sin poder discernir si la forma romance deriva de la latina o viceversa. En 1205 se entregan unas tierras “iuxta pontem de Diostambien” y en 1282 se menciona el monasterio de “Pontis de Dios tambien”.
En base a los datos suministrados por el epígrafe, a Petrus Deustamben se le ha considerado como un arquitecto o maestro de obras; cantero también en alguna ocasión, a pesar que tal condición no aparece explicitada como tal. Está claro que fue responsable de una parte importante de las obras del templo románico de San Isidoro y que "fundó" un puente sobre el río Esla que llevó su nombre.
A falta de otros pormenores sobre su trayectoria vital, se le han buscado diversas filiaciones y se le han atribuido otras construcciones con muy poca o nula base documental. Así se le ha identificado con cierto Pedro Peregrino, quien "con la ayuda de Dios y de hombres buenos" edificó un puente sobre el Miño, probablemente en tiempos de la reina Urraca. En este mismo lugar se levantó un hospital denominado “Domum Dei”. Por estas acciones en 1126 Alfonso VII confirma a este Pedro Peregrino, y a su puente, la iglesia de Santa María de Puertomarín, que su madre la reina ya le había entregado anteriormente.
El “Liber Sancti Iacobi”, al recoger la nómina de los “viatores” o constructores del camino de Santiago antes del año 1120 menciona a Andrés, Rotgerio, Alvito, Fortus, Arnaldo, Esteban y Pedro. De este último afirma que “reconstruyó el puente sobre el Miño, destruido por la reina Urraca; que sus almas y las de sus colaboradores descansen eternamente en paz”.
En cuanto a la filiación y procedencia de Petrus Deustamben muy pocas certezas se pueden ofrecer. Es posible que su peculiar apellido esté enmascarando un origen extranjero. Se trataría de uno más de esos maestros de obras de procedencia ultrapirenaica que trabajaron en las grandes construcciones del Camino de Santiago. Pero este “Diostambién” también puede ser uno de esos apodos o sobrenombres piadosos, con que se denominaba popularmente a personajes objeto de una especial admiración o dotados de reconocidas virtudes espirituales.
Algunos estudiosos de la figura del Maestro Mateo, basándose en la interpretación de puntuales datos genealógicos, han sugerido una relación de paternidad entre el constructor de San Isidoro y el gran artífice de la catedral de Santiago de Compostela. Para unos no es más que una conjetura indemostrable, pero para Manuel Chamoso Lamas “no es nada aventurado ver un solo Pedro en el constructor de los puentes sobre el Miño y sobre el Esla y ver en el sobrenombre Deustamben, de etimología galaica, al Pedro domiciliado en Lugo, progenitor de nuestro Mateo, que sería el Matheus Petri del árbol genealógico, y que sigue la trayectoria de su padre construyendo puentes y construyendo templos”.
A Petrus Deustamben se le vincula también con la desaparecida iglesia de los Santos Justo y Pastor de Quintanaluengos, en el norte de Palencia. Se trataba de un templo románico, de una sola nave con crucero, con elementos constructivos y decorativos arcaizantes de tradición visigoda y mozárabe. Hoy apenas se conservan de este antiguo monasterio unas cuantas fotografías antiguas y unos capiteles que se exhiben en el Museo Arqueológico de Palencia.
Leopoldo Torres-Campos y Balbás dio cuenta en 1918 de una inscripción que se encontraba situada en la ventana del muro este del ábside con la lectura "ERA MCXLIII "(Año 1105), fecha que podría corresponder a un momento destacado de la construcción del edificio, tal vez de su consagración. Por su parte, Matías Vielva llegó a ver en 1907 una inscripción sobre el cimacio de uno de los capiteles del arco triunfal, en la que quiso leer "PETRUS DEUSTAMBEN". Ahora bien, esta lectura es en realidad una interpretación muy particular, a todas luces demasiado forzada, de unas iniciales que acompañaban al nombre. El texto original rezaba: "Petrus D. S.".
Otra de las edificaciones relacionadas con Petrus de Deustamben es la iglesia románica de Santa Marta de Tera, en la provincia de Zamora. Fue Manuel Gómez-Moreno quien apuntó en esta dirección, en base a las afinidades estilísticas entre el proyecto constructivo y decorativo de este templo y ciertos elementos significativos de San Isidoro de León, en particular de su crucero. Como ocurre con el resto de edificios anteriormente citados, no existe base documental alguna que pueda corroborar esta suposición. Por otra parte, las semejanzas entre ambos templos, que las hay y son ciertamente relevantes, nos llevarían también a revisar otras construcciones, como la iglesia de Santo Tomé de Zamora, cuya cabecera también parece emparentarse con el mismo modelo de Santa Marta, y que según un diploma estaba en 1125 recientemente edificada: "noviter edificato”.

Obras que realizó en la basílica del San Isidoro

La primera parte de la inscripción de nuestro sepulcro relaciona directamente al difunto con la construcción de la iglesia de San Isidoro. "Hi quiescit servus Dei Petrus Deus tam ben qui superedificavit ecclesiam hanc". El verbo utilizado es un tanto peculiar, pues “edificavit” se presenta precedido de la partícula “super”. El lapicida no empleó aquí signo de interpunción para separar las dos palabras, por tanto se trata de una expresión que, de alguna manera, quiere precisar la naturaleza de las obras emprendidas. Los editores del epígrafe han traducido "superedificavit" como “edificó”, “construyó”, “cubrió”, "amplió", “concluyó”, etc.
Parece claro que este “superedificavit” debe oponerse al verbo “fundavit”, utilizado para aludir a la construcción de un puente por este mismo personaje. “Fundavit” debe entenderse como construir a “a fundamentis”, esto es, desde los cimientos o sobre una construcción anterior pero totalmente renovada. En cambio, este “superedificavit” puede interpretarse como la tarea de unas obras que completan, amplian o cubren algo que se encontraba anteriormente en fase avanzada.
No es fácil delimitar exactamente estos trabajos. La iglesia que hoy conservamos presenta varios proyectos constructivos, relacionados todos ellos con el mecenazgo de diversos miembros de la monarquía leonesa, pero con unas cronologías sujetas a debate y controversia desde hace mucho tiempo. A una basílica originaria erigida a mediados del siglo XI y de reducidas dimensiones, seguiría otra de mayor envergadura y con un transepto marcado en planta. Como han documentado arqueológicamente M.ª Á. Utrero Agudo J. I. Murillo Fragero, esta segunda iglesia sufrió una temprana ruina que “afectaría principalmente a la mitad occidental del aula. Tanto las bóvedas de ladrillo de esa zona como la Puerta del Cordero pertenecen a la obra de restauración de mediados del siglo XII”.
Los estudiosos del templo isidoriano han considerado comúnmente a Petrus Deustamben como responsable de la última fase del templo románico, obras que podrían haberse iniciado en época de la reina doña Urraca y terminarían antes del año 1149, cuando se consagra la iglesia durante el reinado de Alfonso VII.

Fundación de un puente que lleva su nombre

El desaparecido Puente de Deustamben, estuvo situado sobre río el Esla, en la finca actualmente conocida como “El Priorato”, entre los términos municipales de Milles de la Polvorosa y Villaveza del Agua y. En torno a este enclave, al calor de los movimientos de población, flujos comerciales y de peregrinaje, surgió a mediados del siglo XII un próspero, aunque efímero, núcleo de población.
Según se desprende de un diploma de 1196, la heredad del Puente de Deustamben, se componía del propio viaducto, una iglesia dedicada a Santa María, un hospital y un conjunto de pertenencias que se explicitan en el texto: villas, iglesias, solares yermos y poblados, tierras labradas y sin labrar, viñas, salinas, aceñas, molinos, prados, montes y fuentes. La imagen que nos proporciona esta relación de bienes es la de una población floreciente, asentada en un nudo estratégico de comunicaciones, concretamente en un paso estable del Esla sobre la antigua Vía de la Plata. La existencia de un hospital, que probablemente acogería también peregrinos y viandantes, parece corroborar esta idea.
No sabemos con exactitud en qué momento se construyó este viaducto. Tal vez existió anteriormente en este mismo emplazamiento un puente romano, del que sería fiel testigo un excepcional miliario hallado en los años ochenta del pasado siglo.
En 1140 se tiene la primera noticia de su existencia, cuando el obispo de Astorga permuta varias heredades con unos particulares junto al denominado Puente de Deus También, para que funden en este lugar una "casería".
En época de Fernando II el asentamiento ha adquirido cierta categoría como núcleo de población, hasta el punto que el monarca decide favorecer a sus propietarios, liberando en 1166 a sus "homines" de homicidio, fonsado, rauso y de todo fuero y jurisdicción real. De esta forma, sus habitantes quedan sujetos únicamente al señor de la Puente, que goza de plena autonomía de jurisdicción.
En 1196, Gutierre Muñoz, con su mujer, hermanas y sobrinos, tal vez herederos de los primitivos propietarios, donan al monasterio de Benevívere este puente, llamado ahora Deustambene, con su iglesia, hospital y demás pertenencias para que sea abadía perpetuamente, con la condición de recibir como monjes a los miembros de esta familia, aunque fuesen mujeres. A principios del siglo XIII la nueva abadía filial de canónigos regulares había adquirido ya cierto peso en la región, hasta el punto que atraía las donaciones piadosas de ciertos potentados, que incluso pedían enterrarse entre sus muros.
Estado de la tapa del sepulcro en 1925, según Manuel Gómez-Moreno

Detalle de la escena representada en el la cabecera de la tapa del sepulcro
Detalle de la inscripción
Vista de la lauda desde la cabecera
Vista de la lauda desde los pies
Detalle del comienzo de la inscripción en el borde de la lauda
Fachada sur de la iglesia de San Isidoro de León