sábado, 31 de diciembre de 2016

El Beato del monasterio de San Salvador de Tábara - Historia del códice del Archivo Histórico Nacional

Beato de Tábara AHN - Fol. 167v.
El llamado Beato de Tábara es una de las piezas más notables del Archivo Histórico Nacional. Recientemente ha sido incluido, junto otros ejemplares del Comentario al Apocalípsis de San Juan, en el Registro de la Memoria del Mundo, una lista elaborada por la UNESCO para preservar el patrimonio documental y crear una mayor conciencia colectiva sobre su importancia.
Al margen de su valor intrínseco, el Beato de Tábara es mundialmente conocido por la famosa miniatura de su folio final, en la que aparece representada la torre del monasterio y, junto a ella, dos monjes afanados en la tarea de copiar o iluminar un códice. Hasta tal punto esta ilustración del “scriptorium” tabarense ha tomado protagonismo en los estudios de la miniatura altomedieval que ha eclipsado cualquier otra aproximación al propio manuscrito, por otra parte, mutilado hoy hasta el absurdo y reducido a una mínima expresión de lo que realmente fue.
Proponemos en este trabajo un acercamiento a la historia del códice, en particular de las primeras vicisitudes de las que tenemos noticia, y una revisión de la bibliografía existente sobre el mismo. Sobre esta base se hacen algunas precisiones, creemos de interés; se corrigen ciertos errores y malentendidos, y se ofrecen algunas perspectivas que, tal vez, puedan abrir nuevas líneas de investigación.

1. Primeras referencias bibliográficas

Para buscar las más antiguas referencias en la bibliografía a nuestro códice hay que remontarse a la segunda mitad del siglo XVIII. Es entonces cuando Enrique Flórez acomete la primera edición de los Comentarios al Apocalipsis atribuidos al monje Beato de Liébana. El padre Flórez, aunque debió conocer directamente o por referencias más ejemplares, manejó principalmente tres para cotejar y componer su edición publicada en 1770: el Beato de San Andrés del Arroyo (Bibliothèque Nationale de France), el Beato Emilianense o de San Millán de la Cogolla (Real Academia de la Historia) y el entonces llamado "Codex Burguensis", hoy más conocido como "Beato de las Huelgas". En la actualidad este libro se custodia en la Pierpont Morgan Library de Nueva York.
El "Beato de las Huelgas" viene considerándose una copia tardía del Beato de Tábara, pues, de hecho, reproduce en el folio 183r. la miniatura de la torre de su monasterio y en el 184v. una omega final prácticamente idéntica. Tiene la peculiaridad de contar con dos colofones de épocas distintas. El folio 184r. contiene un colofón donde consta la fecha 1220. Por razones que desconocemos se copió también el colofón íntegro del Beato de Tábara del año 970, y esto provocó cierto desconcierto en los autores posteriores.
Flórez se topa con esta suscripción y advierte la no correspondencia cronológica entre su texto y las características formales del libro. Las fechas de composición consignadas (años 968 y 970) no concuerdan con el tipo de escritura de principios del siglo XIII. Esta anomalía le lleva a plantear que el Beato de las Huelgas reproducía el colofón de un manuscrito más antiguo, por entonces desconocido. El erudito agustino transcribió íntegramente dicho colofón, con las alusiones del escriba Emeterio a su maestro Magio, y con ello dejó constancia de los primeros datos conocidos sobre el que denomina "Codex Tabarensis". El comentario de Flórez, en su texto latino original, es el siguiente:

“Codicis ex quo transcriptus aetas constat, nam extrema libri verba e veteri exemplari in nostro excripta declarant, inceptum fuisse Codicem in Tabarensi Monasterio a Presbytero Magio, qui obit Era M.VI (anno 968), et absolutum a quodam ejus discipulo Emeterius nomine, sexto Kal. Augustas Era M.VIII (anno 970) Cunque tunc litteare tantum Gothicae in usu essent, nondum transcriptus est diversis characteribus Burgensis Codex; ex quo fateri oportet, notationem predictam ex eo fuisse desumptam Codice ex quo factum exemplat. Hinc annaus ibi expressus, 970, non exemplari nostro, sed Codici Tabarensi tribuendus”.

E. FLÓREZ - Sancti Beati presbyteri Hispani Liebanensis in Apocalypsin - Madrid, 1770.
El primer recensor de los Beatos fue el archivero y geógrafo francés M. d'Avezac. Su interés por los mapamundis incluidos en esta obra le llevó a inventariar en 1870 un total de 22 manuscritos. Entre ellos cita de pasada el Beato de Guadalupe y el Beato de las Huelgas, ambos por referencias de otros autores. De este último señala que “es copia del siglo XIII de un arquetipo ejecutado en el convento de San Salvador de Tábara en 1008 de la Era hispánica, o 970 de Jesucristo”.
En 1880 Léopold Delisle publica en París sus “Mélanges de Paléographie et de Bibliographie”, donde dedica un amplio capítulo a “Les manuscrits de l’Apocalypse de Beatus conservés à la Bibliothèque Nationale et dans le cabinet de M. Didot”. El director de la Biliothèque Nationale ofrece un estado de la cuestión sobre el estudio de los Beatos hispanos y registra algunos de los ejemplares entonces conocidos. Entre ellos se vuelve a mencionar, siguiendo a Flórez, al Beato de las Huelgas, al que considera copia de un modelo hecho en Tábara y “destruido probablemente desde hace mucho tiempo”. Así mismo, relaciona el códice de Gerona con el Tábara, identificando en ambos casos al copista o miniaturista Emeterio: “El antiguo manuscrito al que yo hago alusión, y en el que la obra de Beato está seguida del comentario de Daniel por San Jerónimo, fue empezado en el monasterio de Tabar por el presbítero Magius, que murió en 968. Fue acabado el 27 de julio de 970, por Emeterius, en el cual es muy difícil no ver la persona del mismo nombre mencionada al final del manuscrito de Gerona".

2. El códice en la Escuela Superior de Diplomática

Como vemos, hasta ahora todas las menciones a nuestro manuscrito son indirectas y basadas en las impresiones de la lectura de una copia tardía de principios del siglo XIII: el Beato de las Huelgas. Pero en 1881 irrumpe el códice original en el panorama bibliográfico con la publicación de la obra de Jesús Muñoz y Rivero: "Paleografía Visigoda". Debe recordarse, y este es un dato ciertamente importante, que el autor era en estas fechas archivero bibliotecario y profesor encargado de la asignatura de Paleografía general y crítica en la Escuela Superior de Diplomática de Madrid.
En esta obra, un clásico en los estudios de Paleografía medieval, Muñoz y Rivero incorpora la transcripción completa del colofón del Beato de Tábara en lo que llama "Ejercicios de lectura paleográfica". La descripción que ofrece es muy escueta y en ningún momento habla de un "Beato": "Facsímil de un códice escrito en los años 968 a 970, que contiene comentarios al Apocalipsis, y que pertenece a la Escuela Superior de Diplomática". A continuación inserta un facsímil del folio 167 recto.
Al igual que ocurre con el resto de facsímiles de esta obra, no estamos ante una simple reproducción fotográfica del folio en cuestión, sino ante una copia imitativa hecha caligráficamente por el propio autor. El objeto de estas láminas era fundamentalmente didáctico y debían servir de prácticas a los alumnos de Paleografía.
El autor no suministra más datos sobre el origen del códice, aunque agradece en otro apartado de su libro a Juan de Dios de la Rada y Delgado y a Vicente Vignau, director y secretario respectivamente de la Escuela Superior de Diplomática, las facilidades proporcionadas en los trabajos de investigación. De los 44 facsímiles, el correspondiente a Tábara es el número 7, y es el único del que se expresa la procedencia de la mencionada Escuela.
Colofón del Beato de Tábara en la obra de MUÑOZ Y RIVERO, "Paleografía Visigoda", 1881.
La Escuela Superior de Diplomática de Madrid (1856-1900) tuvo un papel fundamental en la formación de archiveros, bibliotecarios y arqueólogos en la segunda mitad del siglo XIX; una época en la que las llamadas ciencias auxiliares de la Historia (Paleografía, Diplomática, Epigrafía, Numismática, etc.) estaban definiéndose y sistematizándose. Las cátedras de esta institución fueron inauguradas el 21 de noviembre de 1856 en locales de la Biblioteca y Archivo de la Real Academia de la Historia. Las principales asignaturas impartidas eran: Paleografía elemental o general, Paleografía crítica y literaria, Latín, Bibliografía, Historia de España. Arqueología y Numismática.
Entre el profesorado de la Escuela encontramos a algunas de las figuras más relevantes de la Paleografía, la Archivística y la Historia de la segunda mitad del siglo XIX, como Antonio Delgado, Vicente Vignau, Jesús Muñoz y Rivero, Ángel Allende Salazar, Eduardo de Hinojosa, etc.
En el reglamento de la Escuela, publicado en 1860, se apuntaba que “tendría una colección de diplomas, un museo arqueológico y numismático y una biblioteca especial para el uso de profesores y alumnos”. Con este fin, se establece que “se consignará anualmente una cantidad” para conservar y enriquecer el material científico, pero parece ser que esta asignación nunca fue regular y resultó siempre insuficiente.
Durante sus primeros años de andadura la mayor parte del material científico fue incorporado gracias a donaciones de alumnos, profesores, personajes influyentes, Ministerio de Fomento, Universidad y otras instituciones. Como advierte Aurora Godín Gómez, hubo algunas adquisiciones mediante compra, pero fueron las menos, dada la escasa asignación adjudicada. Ocasionalmente, también se produjo algún depósito.
En la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla, dependiente de la Universidad Complutense, se custodian 192 pergaminos procedentes de la Escuela Superior de Diplomática. Se trata de los diplomas que utilizaban profesores y alumnos como material científico para el aprendizaje en la asignatura de Ejercicios Prácticos. Maite Rodríguez Muriedas registra en esta variopinta colección bulas pontificias, documentos procedentes de monasterios, escrituras, testamentos, censuales, cartas, etc. Su cronología abarca desde el siglo XII hasta el siglo XVIII.
Así pues, la adquisición del Beato de Tábara por la Escuela, hay que encuadrarlo en esta necesidad de diplomas y códices que sirvieran de material de trabajo a los profesores y alumnos, principalmente de la asignatura de Paleografía. Según el testimonio de Manuel Gómez Moreno se trató de una compra hecha a Ramón Álvarez de la Braña y, por tanto, una de las pocas compras de las que tenemos noticia. Desgraciadamente, Gómez Moreno no detalla nada más sobre este asunto. No sabemos en qué fecha se produjo esta entrada, ni la procedencia.
En la actualidad, nuestro códice exhibe en varios de sus folios el sello de tinta de la Escuela Superior de Diplomática. Tal vez se estamparía a su ingreso y, teóricamente, quedaría incorporado al catálogo de su biblioteca, pues en dicho sello se puede leer en la parte inferior la palabra “Biblioteca”. Sin embargo, en los catálogos de la misma dados a conocer por Mirella Romero Recio, no figura tal ejemplar, si bien hay que aclarar que solamente se consignan las obras impresas, y no los diplomas y códices que sabemos que la Escuela tuvo en propiedad o en custodia.
Otra cuestión, no menos importante, es el momento en el que el códice llega al Archivo Histórico Nacional. Sobre la base de la documentación aportada por Carmen Crespo, se ha supuesto que el Beato de Tábara estaba en dicho archivo en 1872. Se trata de una petición del jefe del mismo, Luis Eguilaz, al director de Instrucción pública, fechada a 8 de noviembre de 1872. Su tenor es el siguiente:

“Este Archivo posee una preciosa colección de códices..., no sólo al servicio del público, sino que también llenan un fin importante en la enseñanza de la Escuela de Diplomática, cuyas colecciones y biblioteca se hallan unidas a las de este establecimiento. Figura en ellas un notable códice de la Exposición del Apocalipsis por S. Beato Liebanense escrito en el siglo X..., único de tal fecha que ha podido hasta hoy mostrarse a los alumnos... Para ampliar esos estudios convendría.., tener otro de igual materia y autor..., pero escrito con anterioridad acaso de un siglo..., el cual existe en la Biblioteca de ese Ministerio y me atrevo a rogar a V. I. que con tales fines sea temporalmente y bajo recibo entregado ... hasta tanto que se decida si... podría aspirar a poseerlo definitivamente”.

En realidad, lo que este documento nos muestra es que el Beato se encontraba en 1872 en la Biblioteca de la Escuela Superior de Diplomática, aunque parece que a efectos administrativos los diplomas y códices se consideraban integrados de alguna manera en los fondos del Archivo. Además, la Escuela nunca contó con un edificio propio y si bien estableció la primera sede en la Real Academia de la Historia, y posteriormente en los Reales Estudios de San Isidro, las clases se repartieron entre la Biblioteca Nacional, el Archivo Histórico y el Museo Arqueológico.
Ramón Álvarez de la Braña (1837-1906), perteneciente al Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios, Correspondiente de la Academia de la Historia y Director de la Biblioteca Provincial de León, fue figura muy relevante del panorama cultural de la época, y no debió ser un simple vendedor en la operación de la adquisición del Beato por la Escuela. En su calidad de vocal y secretario de la entonces Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de León tuvo un conocimiento privilegiado de la situación de los bienes muebles e inmuebles del patrimonio de los monasterios e instituciones eclesiásticas desamortizadas. De hecho, en 1898, cuando el Estado se hace cargo del Museo de León, fue nombrado primer director del mismo. De sus desvelos por la adquisición de piezas para esta institución da cuenta Luis Rodríguez Seoane en 1894:

"Ni debe tampoco omitirse, que el rico Museo arqueológico, establecido en León e instalado en el magnífico edificio de San Marcos, es en gran parte debido a la valiosa cooperación del Sr. Álvarez de la Braña que [...] lo enriqueció con interesantes adquisiciones realizadas en varios puntos del territorio legionense. Puede de esta suerte admirar hoy el erudito viajero, en tan precioso museo, desde los más ricos ejemplares de la civilización visigótica y siglos posteriores de la Edad Media".

Álvarez de la Braña prestó servicios en la clasificación de los pergaminos, códices y demás documentos de la colegiata de San Isidoro, como de otros archivos de la provincia. Igualmente, ordenó y clasificó la biblioteca que dejaron en San Marcos de León los Padres de la Compañía de Jesús, que contaba con unos 6.000 volúmenes. Trabajó en labores de ordenación en el Archivo Municipal, la Catedral y en la Sociedad Económica de Amigos del País.
La relación de Álvarez de la Braña con la Escuela de Diplomática parece que fue siempre muy fluida y cordial. Fue alumno de la Escuela, como recordaría más tarde Luis Rodríguez Seoane, estudios que completó con otros en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central entre 1860 y 1863. En 1869 se hace cargo de la dirección de la Biblioteca Provincial de León, después de un traslado desde la Biblioteca de Menorca.
En 1884 publica la obra titulada “Siglas y abreviaturas latinas”. Al comienzo hay un breve texto escrito en 1876 por Juan de Dios de la Rada Delgado, que fue director de la misma, y trata a Braña como “mi muy querido y antiguo discípulo”. A continuación, en el prólogo, Braña cree prestar un especial servicio a las personas que se dedican a las antigüedades, y añade: “los alumnos de la clase de Epigrafía en la Escuela Superior de Diplomática, carecen de un trabajo de esta clase que pueda servirles de texto”.
En este mismo año de 1884 Álvarez de la Braña publica “Biblioteca Provincial Legionense, su origen y vicisitudes”. Si atendemos al testimonio del autor habría que descartar totalmente que el Beato de Tábara procediera de los fondos de los conventos desamortizados en la provincia, al menos de los fondos que llegaron a ser gestionados por la Comisión de Monumentos. Esto es matizable, pues sabemos que, lamentablemente, muchos libros y manuscritos acabaron en manos privadas, salieron del país, o fueron destruidos con anterioridad. En cualquier caso, el panorama que se dibuja en esta obra es desolador:

“Escasísimo fue el número de los libros impresos recogidos por la Comisión de Monumentos, y más insignificante el de manuscritos, allí donde tantos notables códices se conservaban en sus archivos, unos ilustrados con miniaturas de gran mérito, y otros que contenían importantes crónicas, o datos referentes a la vida religiosa y política y al estado social de los pueblos en la Edad Media. En el local del ex-beaterio de las Catalinas (sede la Biblioteca Provincial) no entró uno solo de esos preciosos objetos que merezca llamar la atención de los bibliófilos. Algunos de los códices debieron ir a enriquecer las colecciones diplomáticas de las grandes bibliotecas y museos del extranjero, y causa rubor el confesar que, para los estudios históricos en nuestra patria se hayan perdido, la mayor parte por verdadero abandono, y otra no pequeña fuese a parar a manos de traficantes anticuarios”.

En 1900 se suprime la Escuela Superior de Diplomática y se agrega a la de la Facultad de Filosofía y Letras, llamada de San Isidro. Su colección numismática pasó al Museo Arqueológico Nacional, y su colección diplomática al Archivo Histórico Nacional.

Sello de tinta de la Escuela Superior de Diplomática de Madrid. Beato de Tábara. AHN fol. 27v.
Otra de la personas que debió consultar el códice tabarense por estos años fue Máximo Fuertes Acebedo. En 1885 publica su obra “Bosquejo acerca del estado que alcanzó en todas épocas la literatura en Asturias, seguido de una extensa bibliografía de los escritores asturianos”. Fuertes Acebedo dedica una entrada a la obra de Beato, y entre los códices que cita se refiere al nuestro de la siguiente manera: “Otro códice también del siglo X, se conserva en la Escuela Superior de Diplomacia, escrito en vitela a dos columnas y con preciosas iluminaciones”. Hay que destacar que por primera vez se hace referencia al manuscrito de la Escuela Superior de Diplomática como un Beato, pero sorprende también que se destaque la calidad de sus miniaturas. En la actualidad, uno de los aspectos más llamativos del códice es la salvaje mutilación de sus folios y la perdida de la mayoría de sus ilustraciones.
Entre los años 1891 y 1898 Konrad Miller publica los seis fascículos de sus “Mappae Mundi”. El correspondiente al año 1895 se ocupa de los mapas de los beatos y en él registra el manuscrito de Tábara, que sitúa en la Escuela Superior de Diplomática. En lo esencial sigue a Muñoz y Rivero y Fuertes Acevedo, pero añade una relación muy completa de los Beatos entonces identificados.
H.L. Ramsay incluye el Beato de Tábara en su artículo “Manuscripts of the Commentary of Beatus of Liebana on the Apocalypse”, publicado en la “Revue des Bibliothèques” del año 1902. Nada nuevo aporta en este caso para el conocimiento del códice. Sigue las noticias proporcionadas por Muñoz y Rivero, y considera, como ya hizo Flórez, el códice como modelo del Beato de las Huelgas. Al reproducir los datos de Muñoz y Rivero sigue dando nuestro Beato como perteneciente a la biblioteca de la Escuela Superior de Diplomática, a pesar de que en 1900 esta institución estaba ya extinguida.

3. El Códice en el Archivo Histórico Nacional

Un nuevo hito en el conocimiento de nuestro códice se produce en el año 1906 con el artículo de Blázquez “Los manuscritos de los Comentarios al Apocalipsis de S. Juan por San Beato de Liébana”. Hasta donde hemos podido averiguar es aquí donde por primera vez se hace alusión a la famosa miniatura de la torre. El autor sitúa inequívocamente el códice en el Archivo Histórico Nacional. Además, basándose en una lectura muy particular del colofón, se sugiere que el propio Beato habría sido enterrado en el claustro del monasterio zamorano, y no en Valcabado como algún otro autor había propuesto con anterioridad: “por lo cual puede llamarle verdaderamente Beato, aludiendo a que lo era dos veces, por ser éste su nombre y por sur virtudes: y, en este caso, de ser cierta esta interpretación, habrá que buscarlo en ese olvidado monasterio, en cuya torre bizantina doblaron las campanas al abandonar esta vida para siempre; torre que aparece dibujada con primor en el manuscrito mencionado”.
Sello de tinta del Archivo Histórico Nacional. Beatode Tábara. AHN, fol. 1v.
La descripción de Blázquez revela un minucioso reconocimiento del códice en el estado en el que se encontraba entonces (1906) en Archivo Histórico Nacional. Varias son las informaciones de interés que se pueden extraer de este artículo. Por ejemplo, los dos folios con las genealogías se encontraban al final del volumen y no al principio como actualmente se exhiben. Esta disposición se corrobora con algunas fotografías antiguas de las que luego nos ocuparemos. Por tanto, el folio con la omega final y la miniatura de la torre no era el último del manuscrito, tal y como apuntó en su momento Carmen Crespo. También hay que aclarar un malentendido que se ha repetido con insistencia, en el sentido de que este folio estaba invertido. El testimonio de Blázquez deja claro que la omega con la suscripción era el recto del folio y la miniatura el vuelto.
Por último, menciona la primera exposición en la que compareció nuestro manuscrito, concretamente en la Exposición Cartográfica de Amberes, si bien se exhibió solamente una copia de alguno de los folios:

“Ejemplar del Monasterio de Tabarés, hoy en el archivo histórico. Año 970: VI kalendas augustas hora VIIII. Al final tiene las siguientes indicaciones relativas a la fecha y personas que le escribieron [...] Al dorso de este folio hay una lámina en colores, representando la torre del Monasterio, la habitación destinada a escritorio y a Emeterio copiando el pergamino, y en hoja posterior un mapamundi de pequeñas dimensiones, de forma circular [...] En la exposición cartográfica de Amberes se presentó una copia, haciéndose la afirmación de que los ejemplares de Gerona, Turín y París eran reproducciones de este mapa; pero tal afirmación es completamente inexacta, pues sólo coinciden con él en ser mapas mundi”.

Llegamos al año 1908 y a la monografía de Juan Menéndez Pidal sobre los restos y memorias del monasterio de San Pedro de Cardeña. El texto está extraído del tomo XIX de la “Revue Hispanique”. En relación con la antigua torre prerrománica del monasterio burgalés, dedica este autor un amplio comentario a la miniatura de la torre de Tábara, con la que encuentra importantes analogías. Incluye, además, una lámina con una reproducción de la miniatura que resulta ser un dibujo interpretativo y en parte reconstructivo de sus elementos principales. Es un dibujo distinto, aunque en la misma línea al que incluirá más tarde Gómez Moreno en sus “Iglesias Mozárabes”.  Esta lámina corresponde en este momento al folio 163v., y no al 167v como ocurre en la actualidad, pues todavía no se había producido la reencuadernación que dejó este folio como folio final.


Torre de Tábara según Juan Menéndez Pidal, "San Pedro de Cardeña. Restos y memorias del antiguo monasterio", 1908.
Manuel Gómez Moreno tuvo un conocimiento tardío de la existencia del Beato de Tábara, y por ello no fue citado en su "Catálogo Monumental de la Provincia  de Zamora". El texto del catálogo fue publicado en el año 1927, pero los estudios y viajes del arqueólogo granadino por la provincia corresponden a los años 1903 a 1905. En el texto hay un apartado dedicado a la iglesia románica de Santa María de Tábara, donde incluyó la lectura de sus epígrafes y noticias sobre la fundación del primitivo monasterio por San Froilán, pero ninguna información sobre el Beato ni sus miniaturas.
Será en el año 1913 cuando aparezca en el “Boletín de la Sociedad Española de Excursiones” su artículo “De Arqueología mozárabe”, donde describe brevemente la miniatura de la torre: “Los monasterios de San Froila es verosímil que fuesen arruinados por las tropas de Almanzor en 981, entre el centenar de iglesias y pueblos de los contornos zamoranos que entonces cayó; pero del de Távara nos queda el interesante dibujo, hecho por Emeterio en 970, de su torre, alta et lapídea, con arcos de herradura en varios pisos a que se subía por escaleras de mano; un andén de madera vuela en lo alto, y hay campanas dispuestas sobre el tejado en soportes ligeros”.
Es en su obra "Iglesias mozárabes" donde se suministra la información, como ya dijimos, de que el manuscrito "fue comprado para la extinguida Escuela diplomática a D. Ramón Álvarez de la Braña". No incluyó fotografías del manuscrito, pero sí un calco de la miniatura de la torre.

Torre del monasterio de San Salvador de Tábara - Calco según Gómez Moreno "Iglesias mozárabes", 1919.
Nota con el número de registro de la restauración del Beato de Tábara en 1974 por el Servicio Nacional de Restauración de Libros y Documentos. AHN, tapa de la nueva encuadernación.