sábado, 12 de noviembre de 2011

Ego sum lux mundi - El fenómeno de la luz equinoccial de Santa Marta de Tera

Chronica minora
El monasterio de Santa Marta de Tera aparece citado en las fuentes al menos desde el año 979. Fue fundado a orillas del río Tera, muy próximo a Camarzana de Tera, donde existió otro cenobio altomedieval dedicado a San Miguel. En ambos casos se desconoce el nombre de sus fundadores o promotores.
Su advocación principal siempre fue la de la mártir astorgana, una santa de trayectoria muy poco conocida y envuelta en un halo de leyenda. La tradición antigua astorgana sitúa a Marta en el siglo III, en tiempos del emperador Decio, relacionándola con los primitivos núcleos cristianos que surgen en torno a los legionarios convertidos en el norte de África y luego asentados en Asturica Augusta.
Además de la de Santa Marta, en el monasterio existieron otras advocaciones secundarias que también gozaron del favor de los monjes y los visitantes. Un documento de 1033 nos da a entender que se rendía culto aquí también al Salvador, Santa María, San Miguel Arcángel, Santiago, San Andrés y San Mateo. La existencia en la iglesia de varias lipsanotecas, fechadas en el siglo XI, confirma y amplía la nómina de devociones, relacionadas todas ellas con el culto a las reliquias.
La luz equinoccial entra por el óculo del presbiterio [Imágenes tomadas el 20/03/2011]
En 1063 el monasterio fue donado solemnemente por Fernando I al obispo de Astorga, Ordoño, en recompensa y agradecimiento por haber traído a tierras cristianas unas de las reliquias más esperadas en el reino de León: las de Isidoro de Sevilla. Es a partir de 1115 cuando comenzamos a tener evidencias de la llegada a este lugar de pauperes a los que se hospeda en las dependencias monásticas, coincidiendo precisamente con una nueva mención de la presencia del apóstol Santiago entre los santos objeto de veneración dentro de sus muros. Un diploma de 1122 nos sugiere que este culto al Apóstol estaba directamente relacionado con la custodia de alguna de sus reliquias, junto a las de la santa titular y las de otros santos no especificados. Enrique Flórez en el tomo XVI de la España Sagrada da a entender que los restos de la virgen y mártir fueron trasladados desde Astorga en algún momento hasta su monasterio de la ribera del Tera, pero de todo esto no existe evidencia alguna.
Pero es una donación de Alfonso VII la que nos aporta una visión mucho más completa del tipo de actividades desarrolladas en este santuario. Su redacción arroja algunas dudas sobre su autenticidad debido a su peculiar estructura y su pobre nómina de confirmantes, pero ilustra perfectamente sobre el ambiente de fervor religioso existente por estos años. En el largo preámbulo del documento, fechado en 1129, el monarca enumera los múltiples milagros obrados en el santuario por intercesión de la santa mártir, cuyo conocimiento motivó un probable viaje, tal vez en peregrinación, hasta las riberas del Tera aquejado de una grave enfermedad: ".. audiens magna miracula et multas virtutes, quas Deus fecit necnon et facit per virginem et martyrem suam beatissimam Martham quod in ecclesia sua reddit dominus caecis visum, surdis auditum, claudicantibus gressum, mancos curat, infirmos sanat, leprosos mundat, daemones ab oppresis corporibus fugat, et etiam ligatos a vinculis ferreis ubicumque fierint ligati liberat". (En su iglesia el Señor devuelve la vista a los ciegos; el oído a los sordos; a los cojos los huesos; cura a los mancos; sana a los enfermos; limpia a los leprosos; expulsa a los demonios de los cuerpos de los posesos, y libera a los atados, incluso con cadenas de hierro, donde quiera que se encuentre).
Capitel del Alma Salvada [Imágenes tomadas el 20/03/2011]
El párrafo recuerda en gran medida a las virtudes curativas atribuidas a Santiago en su santuario de Galicia. Respecto al poder curativo del apóstol la tradición popular afirmaba que devolvía "la vista a los ciegos, oído a los sordos, palabras a los mudos, la vida a los muertos...". También tiene alguna relación el relato con los numerosos milagros obrados por su intercesión en el Camino, recogidos por ejemplo en el Codex Calixtinus. Aunque el documento de Santa Marta no lo dice, las oraciones del monarca debieron surtir el efecto deseado, pues de otra forma no se explica la generosa dotación inserta a continuación: todo cuanto pudiera tener de realengo o de condado dentro de su coto, según fue fijado por su bisabuelo Fernando I. Así pues, una buena parte de los peregrinos, bien en tránsito hacia otros centros o como destino final, acudían a este lugar con la esperanza de encontrar alivio o remedio a sus padecimientos, al amparo de las propiedades taumatúrgicas de las reliquias depositadas, contando además con el precedente y aval real digno de toda solvencia.
Iglesia y monasterio fueron fundados en un enclave privilegiado, en el camino sanabrés y sobre la amplia la terraza que domina el Tera, en el acceso a la vecina localidad de Santa Croya. Las excavaciones arqueológicas del entorno han constatado la existencia de una ocupación romana previa a la creación del complejo. Se documentaron al menos tres estructuras cuyos rellenos aportaron una serie materiales cerámicos fechados en la segunda mitad del siglo I d.C. Estos datos avalan las impresiones expresadas en su momento por Gómez Moreno, quien ya identificó en 1903 algún fragmento de teguale en la zona y planteó el posible origen romano del asentamiento.
El centro religioso parece ser que fue administrado desde muy temprano por una comunidad de canónigos regulares, cuya actividad se extinguió en la primera mitad del siglo XIII. A partir de entonces la abadía de Santa Marta pasó a ser una canongía dentro de la catedral de Astorga. Esta situación evolucionó hasta convertirse el cargo de abad en una simple dignidad honorífica, pues sus beneficios fueron anexionados a la mitra a partir de 1548. Los obispos pasan así a convertirse en los señores de la abadía, por encima de las dignidades capitulares. Es precisamente en esta época, durante el pontificado de don Pedro de Acuña y Avellanda, cuando junto al viejo templo románico se construyó un palacete renacentistia. Los prelados de Astorga escogieron este lugar como lugar de retiro y residencia ocasional. A principios del siglo XX el palacio fue reutilizado como casa rectoral.
La figura del ya desaparecido párroco Julián Acedo Carbajo quedará unida para siempre al templo románico, pues fue él quien descubrió y difundió a partir de 1997 el fenómeno del “milagro de la luz”, el momento sublime en el que las primeras luces equinocciales de la mañana penetran por el óculo del hastial de la cabecera e iluminan directamente uno de los capiteles de la iglesia. Otras personas muy vinculadas con la localidad, como Ángel Panizo o Nazario Ballesteros, han contribuido notablemente al conocimiento y la divulgación del hallazgo.
Detalle del óculo y el capitel [Imágenes tomadas el 20/03/2011]
Julián Acedo, amigo de peregrinos y apasionado de su iglesia parroquial, era natural de Brime de Sog. Falleció inesperadamente el 4 de noviembre de 2004, a los 75 años de edad. Su testimonio sobre las circunstancias del descubrimiento fue recogido en una entrevista para la televisión de Castilla y León: "Pues yo leí en una revista, "Vida nueva" creo que se llama, que es una revista del clero, unos reportajes que venía haciendo sobre el románico francés. Y entre unas cosas que decía, yo no sé exactamente si hablaba de la luz equinoccial, yo lo cierto es que digo -y aquí también en el románico podía darse ese fenómeno-, y lo estuve persiguiendo desde el mes de marzo. Yo miraba por las ventanas, tampoco estaba todo el tiempo aquí. Y hasta que ya, pues yo creo que también por pura casualidad, como venía y miraba todos los días, pues entonces ya por el óculo, ese que queda mirando hacia oriente. Después ya me enteré de lo que es la luz equinoccial, cuando don Ángel [Panizo] publicó un artículo sobre la luz equinoccial aquí en Santa Marta. Y parece que proviene, esto ya lo sabrán todos, de las pirámides de Egipto. En el año 1997, ahora en el mes de septiembre, en el equinoccio de septiembre. Nadie lo sabía, ni de los ancianos, ni de los que habían escrito cosas sobre la iglesia, no sabían nada de esto. Y desde entonces estamos viendo este fenómeno cuando hay sol, porque depende del dios Ra, para ellos, y para nosotros del Sol que Dios nos dio a todos. A los árabes y a nosotros".
El fenómeno se produce los días del equinoccio de primavera y otoño, 20 ó 21 de marzo y 22 ó 23 de septiembre respectivamente, concretamente hacia las 9:00 (8:00 GMT) en el primaveral y hacia las 10:00 (8:00 GMT) en el autumnal. La luz equinoccial es aún observable en los tres o cuatro días anteriores y posteriores a las fechas señaladas. Durante unos minutos el óculo central de la cabecera deja pasar un haz que recorre de arriba a abajo el capitel del "Alma salvada", en el lado izquierdo del arco triunfal.
Este capitel efigia una figura humana desnuda y asexuada, con los brazos amputados. La enmarca una mandorla perlada, sostenida por dos ángeles. Sería una representación alegórica del alma humana que asciende a los cielos purificada. Se ha querido identificar está alma genérica con el alma de la mártir titular de la iglesia. Unido ahora a la luz equinoccial, este tema adquiere unas connotaciones teológicas y cosmográficas ciertamente muy sugerentes.
Como ha puesto de relieve Fernando Regueras en una monografía reciente, el templo románico ha mantenido prácticamente intacta la disposición de su cabecera desde su edificación, entre finales del siglo XI y el primer tercio del siglo XII. Todo apunta a que tanto los vanos como las estructuras murarias son las originales románicas. No ocurre lo mismo con la nave principal y el cuerpo occidental de la iglesia, objeto de importantes modificaciones y reformas en la segunda mitad del siglo XII, o ya en el XIII. Por tanto, el fenómeno de la luz equinoccial, si es que ya fue previsto por los maestros constructores, se ha perpetuado a lo largo de los siglos.

Vista exterior del óculo de la cabecera de la iglesia [Imágenes tomadas el 20/03/2011]
La peculiar configuración de los óculos de la cabecera, cimborrio y crucero es un elemento esencial que acentúa el efecto lumínico. Por la parte exterior cada uno estos óculos está constituido por dos grandes sillares rematados en semicírculo. Son piezas bien trabajadas y totalmente planas, carecen de abocinamiento, lo que contribuye a focalizar los haces de luz. Por el contrario, en el interior el vano se abre en un derrame totalmente liso hasta el muro. Carece de molduras o adornos, y por ello la luz es dirigida suavemente por la piedra en dirección al capitel del “Alma salvada”. Simultáneamente, otro rayo de luz de idéntica orientación penetra por el óculo del cimborrio, pero sin iluminar ahora ningún elemento significativo.
Las fotografías que ilustran este artículo fueron tomadas el día 20 de marzo de 2011, precisamente el día central del equinoccio de Primavera correspondiente a ese año. Las modernas cámaras digitales no sólo permiten hacer decenas de fotografías en pocos minutos con diversos ajustes, sino que además tienen la ventaja de fijar con total exactitud la hora de cada una de las tomas. Ese día el halo de luz comenzaba a iluminar la parte superior del capitel hacia las 09:24 (08:24 GMT). Diez minutos después, a las 09:34 (08:34 GMT), el capitel recibía los rayos solares en todo su esplendor. A las 09:44 (08:44 GMT) la luz comenzaba a abandonar el capitel y se extendía por la parte alta de la semicolumna.
Está por demostrar hasta que punto la luz equinnocial fue un elemento perfectamente previsto o buscado por los artífices del templo antes de su edificación. A pesar de la pasión que levanta este tipo de fenómenos actualmente entre curiosos e investigadores, no existe mucha literatura al respecto en el arte románico, ni tampoco textos medievales que se extiendan sobre ello. Para conseguir estos resultados los maestros constructores debieron tener acceso a unos conocimientos matemáticos y astronómicos difíciles de concretar. Tampoco sabemos nada sobre los ritos o ceremonias asociados en Santa Marta a estos momentos del equinoccio, pero podemos suponer su efecto sobrecogedor en el ambiente de fervor religioso de los siglos medievales.

Vista general de la cabecera de la iglesia [Imágenes tomadas el 20/03/2011]
Es bien sabido que durante los equinoccios los días son iguales en duración a las noches, pero también es relevante para el caso que nos ocupa que en estos mismos días el Sol sale exactamente por el Este y se pone por el Oeste. Todas las iglesias románicas, casi sin excepción, orientan su cabecera en dirección al naciente, pero las variaciones del orto solar a lo largo del año nos dan como resultado ligeras alteraciones de las orientaciones, dependiendo del día elegido para alinear el templo. Tras el periodo románico la cuestión de la orientación al naciente deja de ser un asunto relevante y, aunque sigue prevaleciendo, pueden encontrarse iglesias orientadas en casi cualquier dirección.
Debe advertirse, en cualquier caso, que las actuales fechas de los equinoccios no coinciden con las vigentes en los siglos XI y XII, esto es en la época de la construcción de nuestro templo. Durante toda la Edad Media rigió en la Cristiandad el Calendario Juliano, basado en un cómputo de los meses y los días de origen romano. Con la implantación del Calendario Gregoriano, a partir de 1582, se produjo un desfase que supuso la supresión de diez días. Al jueves "juliano": 4 de octubre de 1582, le sucede el viernes "gregoriano": 15 de octubre de 1582. Este desfase de diez días no fue constante durante la historia, del Calendario Juliano, sino progresivo. En 1582 el equinoccio de primavera se celebraba ya el 11 de marzo, pero en el siglo XII la diferencia era de unos ocho días. Por tanto el fenómeno de la luz equinoccial en Santa Marta debía producirse, en su momento central, hacia el 12 ó 13 de marzo.

La luz equinoccial entra por el óculo del cimborrio [Imágenes tomadas el 20/03/2011]
Como ha demostrado Juan Pérez Valcárcel en un estudio sobre las orientaciones de las iglesias del camino de Santiago los meses de primavera fueron los elegidos habitualmente para determinar las alineaciones y no con especial cuidado. Esta circunstancia se explicaría simplemente por ser los más adecuados para el desarrollo de los trabajos de replanteo y comienzo de la cimentación, y no, como han sostenido otros autores, por la coincidencia con la fiesta litúrgica del titular o la titular del templo.
Sin embargo, para conseguir un efecto lumínico como el observado en Santa Marta de Tera -si es que este es premeditado- haría falta una orientación casi perfecta de la cabecera en un día muy concreto del año, a lo que habría que añadir otras variables no menos importantes como el conocimiento de la evolución del sol durante ese día, la correcta nivelación y exposición de la iglesia, la altura y las dimensiones del óculo, el grosor del muro, el ángulo de abocinamiento del vano, la distancia entre óculo y capitel, la altura y las dimensiones de este último, etc. Pero no acaban aquí los condicionantes, pues la propia estructura de la iglesia, sus elementos sustentantes y sustentados, su planta, sus proporciones y sus dimensiones estarían totalmente supeditados a la consecución de este efecto lumínico. En definitiva, la edilicia al servicio de unos momentos muy efímeros dos veces al año, eso contando con la posibilidad de que el día amanezca nublado y, por tanto, no se pueda celebrar el acontecimiento.
La iglesia de Santa Marta de Tera se encuentra a 735 metros de altitud, a 41̊ 59' 39.858" (41.99440489203085) de Latitud Norte y -5̊ 58' 16.3986" (-5.971222221851349) de Longitud Oeste. En ese punto del planeta el día 20 de marzo de 2011 el sol salía a las 07:30 (06:30 GTM) y se ponía a las 07:35 (06:35 GTM). Esto significa que desde la salida del sol, hasta alcanzar el fenómeno de la luz equinoccial su momento álgido habían transcurrido 2 horas y 4 minutos. Este dato tuvo que ser muy tenido en cuenta a la hora de determinar la orientación de la iglesia, la posición del sol y la altura del óculo sobre el muro del testero.
Relieve de la Maiestas Domini. Museum of art. Providence. EEUU
Alguna relación con todo esto puede tener un altorrelieve procedente de esta iglesia, de piedra pizarrosa, y 97 por 65 centímetros, representando a Cristo sentando bendiciendo y con libro abierto, en el que se lee: EGO SVM LVX MVNDI (Yo soy la luz del mundo). La pieza, datada en la primera mitad del siglo XII, fue lamentablemente vendida en 1926 y hoy se custodia en el Museum of Art, Rhode Island School of Design, Providence (EEUU). Gómez Moreno alcanzó a verla en Santa Marta de Tera a principios del siglo XX y la describió de la siguiente manera: "Tiene nimbo crucífero, rostro imberbe, pelo largo y casulla de faldones cuadrados, con cenefa y collar. El plegado forma bandas paralelas, y todo recuerda el tímpano del crucero de San Isidoro de León y La Virgen de Sahagún. Se ignora su antiguo puesto, quizá sobre un altar, y hoy yace arrinconado y sucio a los pies de la iglesia".
Nuestra iglesia se une así a otros casos conocidos de templos hispanos con fenómenos equiparables, como San Juan de Ortega (Burgos), San Millán de Yuso (La Rioja) o La Oliva (Navarra). En San Juan de Ortega el "descubrimiento" tuvo lugar en 1974 por Jaime Cobreros y Juan P. Morín, dos estudiosos del románico español. En los días de los equinoccios, hacia las 17:00 horas (hora solar) un rayo de luz penetra por la ventana ojival de la fachada occidental e incide sobre las figuras del capitel historiado de la Anunciación y la Natividad. En San Millán el haz de luz entra por el rosetón de los pies de la iglesia, atraviesa un círculo que corona el trascoro y descansa en el centro geométrico del edificio. El efecto lumínico enfatiza el eje longitudinal y evidencia la perfecta orientación de su cabecera hacia el sol naciente. En el monasterio cisterciense de La Oliva, en los días próximos al equinoccio de primavera, a las 6 de la tarde, entran los rayos del sol por el ojo del pórtico y alcanzan el sagrario.