domingo, 14 de noviembre de 2010

El valeroso caballero y animoso capitán Francisco de Villagrá - En torno a una sepultura de San Juan del Mercado

Chronica Minora

La capilla mayor de la iglesia de San Juan del Mercado de Benavente presenta su solado salpicado de laudas sepulcrales, último reposo de personajes relevantes relacionados con la historia del templo, con la Encomienda de la Orden de los Hospitalarios o con hijos ilustres de la villa. No parece que todas ellas se correspondan con inhumaciones originales. Por el contrario, del aspecto que muestran se deduce que ha habido varias reordenaciones de los espacios de enterramiento. Alguna de estas lápidas ha sido parcialmente mutilada para acomodarla a las dimensiones de las otras, seguramente después de un traslado desde otro lugar. El último enterramiento documentado es el del obispo de Plasencia y Salamanca, Ángel Regueras López (1870-1924). La sepultura corresponde al traslado de sus restos en 1942 desde Salamanca por iniciativa del Ayuntamiento de Benavente.
Iglesia de San Juan del Mercado de Benavente
El presente artículo se va a detener en glosar una de estas laudas, concretamente la situada en tercer lugar a la derecha de la del obispo benaventano. Su estado de conservación es bastante aceptable pues, a pesar de las huellas de desgaste propias del tránsito de los feligreses, su lectura no ofrece dificultades.
El epígrafe, escrito en letra capital de la segunda mitad del siglo XVI, está repartido en dos partes separadas por un gran blasón central. Las seis primeras líneas presentan un mayor tamaño de letra y una adecuación holgada al campo epigráfico, mientras que las once siguientes están más abigarradas y tienen un cuerpo de letra mucho más pequeño. Suman en total diecisiete líneas. La separación entre palabras se hace por interpunción simple. El escudo central está orlado de perlas y corresponde al promotor de la sepultura: Luis Rengifo, cuyas iniciales (LR) flanquean el emblema heráldico. Las armas tradicionales del apellido aparecen en el primero de los cuarteles: en campo de oro un leon de azur, bordura de plata y ocho aspas del mismo color. La lectura, una vez desarrolladas las abreviaturas, es la siguiente:

EN ESTA CAPILLA ESTAN
SEPVLTADOS LOS MVY
NOBLES CABALLEROS
FRAY TORIBIO DE CARBAJAL
Y FRAY ALBARO DE SARIA
COMENDADORES
DE RVBIALES
QVE LA ENPEÇARON
Y ACABARON DE HEDIFI
CAR Y POR SV MEMORIA
EL MANIFICO SEÑOR DON
LVIS RENGIFO COMENDA
DOR DESTA ENCOMIENDA
Y DE CIVDAD RODRIGO
MANDO PONER ESTA PIE
DRA COMO SEÑOR DESTA
CAPILLA Y YGLESIA


  Lauda sepulcral de Francisco de Carbajal y Álvaro de Sarriá [Siglo XVI]
De las personas mencionadas en el texto, tanto Luis Rengifo como Fray Toribio de Carbajal pueden ser situados cronológicamente sin demasiada dificultad. Luis Rengifo es presentado como comendador de la Orden de San Juan en Benavente y Ciudad Rodrigo. Sabemos que un personaje de este nombre acudió al capítulo provincial de Fuentelapeña celebrado el 29 de julio de 1530. Igualmente, en una carta de Felipe II al obispo de Orense fechada en 1569 se menciona a Luis Rengifo Engon con el cargo de Teniente de los Priores de la Orden de San Juan.
Respecto a Fray Toribio de Carbajal, comendador de Rubiales, su figura está íntimamente ligada a la construcción de San Juan del Mercado. Una inscripción gótica grabada en el primer pilar suroccidental de la iglesia le atribuye la edificación de varios pilares, probablemente de todas las cubiertas y de la bóveda del altar mayor. En el texto se le identifica como comendador de Benavente, Vidayanes y Almazán, pero tal vez en el nombre de esta última villa exista un error del lapicida, pues en el traslado de un documento del monasterio de Nogales de 1468 se le cita como comendador de la orden de San Juan en Benavente y Vidayanes, y señor de Arrabalde. En 1487 la cancillería real expide una sobrecarta de mandamiento a Juan Maldonado, para que haga ejecución en bienes del comendador Fray Toribio de Carvajal por la cuantía de que aún es deudor a Juan González de Saldaña, vecino de Tordesillas, en razón del arrendamiento de las encomiendas de Rioseco, Villela y San Juan del Camino que pertenecen a la de Benavente. En 1489 Fray Toribio de Carvajal, comendador de Benavente y de la Baylía de Olmos, arrienda a Pedro Lago y fray Diego Coronel las mencionadas encomiendas.

Interior de San Juan del Mercado
Mayor interés despierta el tercero de nuestros personajes, Frey Álvaro de Sarriá, no tanto por él mismo sino por la relevancia de uno de sus descendientes. Sarriá fue provisto de la encomienda de Benavente por el Gran Maestre de Rodas. En 1510 debía atravesar dificultades en el disfrute de sus rentas, pues una cédula real ordena a Francisco Manrique, comendador de Cerecinos, que no perturbe la posesión de su encomienda. A partir de diversas fuentes, algunas de las cuales se citarán a continuación, podemos hacer a este Álvaro de Sarriá padre del conquistador y gobernador de Chile Francisco de Villagrá.
Francico de Villagrá es considerado una de las figuras más destacadas de la conquista y colonización de Chile. Llegó a Chile cuando Pedro de Valdivia dispuso la conquista de esa región. Estuvo presente en la fundación de Santiago en 1541, ocupó diversos puestos en el gobierno de la ciudad, y le tocó defenderla del asalto del cacique Michimalonco en septiembre del mismo año. Fue gobernador de aquellas tierras en tres oportunidades (1547-49, 1553-57 y 1561-63) y encabezó diversas empresas militares tendentes a la exploración del territorio y el aumento de su jurisdicción.
De la confianza puesta en él por Pedro de Valdivia se da cuenta en una carta dirigida en 1547 al Emperador:  "Allí proveí al capitán Francisco de Villagrá, mi maestro de campo, porque le tenía por verdadero servidor y vasallo de V.M. y celoso de su cesáreo servicio, por mi lugarteniente general, para que atendiese la guardia, pacificación y sustentación de las ciudades de Santiago y La Serena y los vasallos de V.M.".
En el Catálogo de Pasajeros a Indias Villagrá fue registrado en 1537, en tránsito hacia el Perú, como hijo del Comendador Ruy Diales y de Ana de Villagrá, vecinos de Santervás de Campos (Valladolid). Sin embargo, esta información parece que no es exacta.
En la Sección Órdenes Militares del Archivo Histórico Nacional  se conserva el expediente de las probanzas presentadas por Villagrá en 1559 para la obtención del hábito de Caballero de Santiago. Algunos de los testimonios son contradictorios, pero globalmente arrojan noticias muy esclarecedoras sobre la trayectoria de este personaje antes de recalar en Indias.
Sabemos así que, efectivamente, Villagrá era hijo natural del mencionado Álvaro de Sarriá y de Ana de Villagrá. Muy probablemente el oscurantismo existente sobre sus orígenes se debe a la poco ortodoxa sitiuación de sus progenitores, pues "cuando el dicho Álvaro de Sarria tuvo al dicho Francisco de Villagrá tenía ya el hábito de San Joan y la dicha Ana de Villagrá era soltera". El hecho de haber adoptado el apellido materno también debió contribuir a crear confusión. Los testimonios de los diferentes testigos interrogados en las probanzas insisten en que el futuro conquistador de Chile sirvió en su juventud al marqués de Astorga y al conde de Benavente, y estuvo en la Jornada de Túnez de 1535, combatiendo a Barbarroja.
 Retrato de Francisco de Villagrá
Ante la falta de genealogía presentada ante el Consejo, el licenciado Cisneros presentó una carta en la que daba noticia de los ancestros del pretendiente, informando sobre la calidad y la sangre:

"El mariscal Francisco de Villagra, gobernador de la provincia de Chile dize que vuestra alteza le hizo merced del hábito de la Orden de Santiago como paresce por la cédula que presenta y suplica a V. A. le mande hazer las diligencias necesarias que el depositario fuese menester. Y para que conste la nobleza de su linaje, dize que es hijo de Álvaro de Sarria, comendador de las encomiendas de Villela y Rubiales de la Orden de Santiago en el reino de León el qual ha quarenta años que murió. Y es hijo de Ana de Villagra, natural y vezina de la villa de San Jerbas en el dicho reyno la qual era donzella cuando el dicho Álvaro la conoció. Y el dicho comendador Álvaro de Sarria por aver mas de setenta años que murió dizen algunos que fue hijo de un fulano de Villaceres y de Leonor Gómez de Sarria su muger, naturales y vezinos que fueron de la villa de Villalpando. E otros dicen que el dicho Álvaro de Sarria fue hijo de Antonio de Sarria, alcayde y gobernador de la dicha villa de Villalpando y no se acuerdan como se llamo su muger pero lo primero lo tiene más cierto, y la dicha Ana de Villagra, madre del dicho Francisco de Vilagra, es hija de Pedro de Villagra, comendador del hábito de Santiago y de Ysabel Mudarra, su muger, naturales y vecinos de la villa de San Gervas. Por manera que la probanza de sus padres del dicho Francisco de Villagra y de sus abuelos por parte de madre se ha de hacer en Sant Gerbas y Villela a dos leguas de Villalon y si algo mas fuere menester en Villagra a tres leguas de San Gerbas y por parte de los aguelos del dicho Francisco de Villagra y por parte que es de los sarrias se ha de hazer en Villalpando".

Valdivia, Villagrá y Alderete según Ovalle [1616].

El cronista Alonso de Góngora Marmolejo nos dejó una interesante semblanza del personaje en su "Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575":

"Era Francisco de Villagrá, cuando murió, de edad de cincuenta y seis años, natural de Astorga, hijo de un comendador de la Orden de Sant Juan, llamado Sarria. Su padre no fue casado; su madre era una hijodalgo principal del apellido Villagrá. Gobernó en nombre del Rey don Felipe dos años y medio (...); era de mediana estatura, el rostro redondo, con mucha gravedad y autoridad; las barbas entre rubias, el color del rostro sanguino; amigo de andar bien vestido y de comer y de beber, enemigo de pobres; fue bien quisto antes que fuese gobernador, y mal quisto después que lo fue. Quejábanse dél que hacía más por sus enemigos a causa de atraellos a sí que por sus amigos, por cuyo respeto decían era mejor para enemigo que para amigo. Fue vicioso de mujeres y mohíno en las cosas de la guerra mientras que vivió (...); era amigo de lo poco que tenía, guardallo; más se holgaba de rescibir que de dar. Murió en la ciudad de La Concepción en 15 días del mes de julio de mil y quinientos y sesenta y tres años".

También Alonso de Ercilla le dedicó unos versos a Villagrá en "La Araucana":

Caudillo era y cabeza de la gente
Francisco Villagrán, varón tenido
por sabio en la milicia y suficiente,
con suma diligencia prevenido;
de Pedro de Valdivia fue teniente,
después de su persona obedecido.

martes, 2 de noviembre de 2010

Castroferrol - Un enclave monástico altomedieval en el valle del Tera

Chronica Minora

El objeto de este artículo es ofrecer algo de luz sobre uno de los cenobios más antiguos y a la vez más desconocidos -debido a su efímera trayectoria- que surgió en el norte zamorano en el período altomedieval. Aunque su existencia es reconocida por la mayoría de los autores que se han ocupado de una forma u otra del estudio del monacato leonés, las contradicciones y malentendidos han sido evidentes a la hora de establecer su localización y fijar su cronología. La causa fundamental de la confusión existente hay que buscarla en las deficiencias inherentes a la documentación fragmentaria que conservamos de la catedral de Astorga, única fuente que aporta información de primera mano sobre este monasterio.
Plano de Colinas de Trasmonte
Yepes es el primer autor que se ocupa del tema, como ocurre con buena parte de los monasterios de la región. A la hora de establecer la nómina de fundaciones del antiguo reino leonés menciona un monasterio de Castro Ferronio, en la ribera del Tera, bajo la advocación de San Salvador. No aporta cronología ni ubicación concreta; simplemente sentencia que "era convento de monjes y monjas", esto es un monasterio de los denominados dúplices.
Flórez, en su célebre tomo XVI de la España Sagrada, nos transmite el nombre de una abadesa Benedicta en este lugar en 1006. Su testimonio goza del beneficio de haber manejado las documentación medieval asturicense antes de su desaparición. Para el erudito agustino se trataría de una comunidad solamente de monjas.
Tendremos que esperar a la prolífica obra de Augusto Quintana Prieto para obtener datos más concretos. Este autor menciona tanto el enclave de Castroferrol como el cenobio en varios de sus trabajos, pero fue en una entrada del Diccionario de Historia Eclesiástica de España donde trazó una escueta semblanza de un monasterio de San Miguel en Villaferrueña, que como se verá más adelante se puede identificar con nuestro cenobio, aunque con un emplazamiento erróneo:

“Villaferrueña, San Miguel (Zamora, diócesis de Astorga) Prebenedictino. La primera noticia conocida se remonta al año 1006, en que recibe una donación de bienes. De ella se desprende que era un monasterio dúplice. En el año 1015, su propietaria, María Chalíndez, que lo tenía por donación de Bermudo II, lo dio a la diócesis de Astorga y a su obispo Jimeno (992-1028), siendo esta la última noticia que de él se tiene. Hoy es parroquia secular”.

Sin embargo, leyendo con atención los diplomas conservados se concluye con claridad meridiana que tal enclave no pudo estar en ningún caso en Villaferrueña. Las primeras referencias se remontan a mediados del siglo X y no hacen alusión a monasterio alguno. Así en 962 Rauper y su mujer, Mansuara, donan a Nuño Sarracíniz y a su mujer, Gudigeva, una viña en la villa de Kastro Ferronnio, junto al río Almucera, que habían comprado a un tal Donelo, dando sus términos. La mención del Almucera descarta inmediatamente la opción de Villaferrueña, dado que, como es sabido, esta población se encuentra junto al Eria. Al año siguiente, 963, consta una donación a la catedral de Astorga efectuada por Adrico y su mujer, Faquilo, en unión de sus hijos de toda su heredad en Castroferrol, con cuantas pertenencias la correspondían, como también de sus muebles, de toda la mitad durante la vida de los donantes y después de su fallecimiento enteramente.
En 1006 Oma Iuve, su hijo Veila y la esposa de éste, Gontrode, donan a la abadesa y al monasterio de Castroferronnio, que sitúan junto al río Tera, todas sus propiedades y enseres: "... in cuius honore dedicata est ecclesia et continentium fratrum vel sororum iugum et ibidem domina Bendicta abbatissa portentibus monasterium qui est fundatum sub urbis Astorica, locum predictum et nominatum vocantem que dicitur nominibus Castroferronio, iuxta aquis currente vel flumine Teira.
 Iglesia parroquial de Colinas de Trasmonte [Foto Luis Peral]
Más explícito resulta un diploma de 1015 en el que María y sus hijos, Galindo y Juan Ciprianiz, hacen donación del lugar de San Miguel Arcángel de Castroferrol, a los que morasen allí, monjes y monjas, bajo sujeción del obispo de Astorga. En este caso la villa tiene por referencias espaciales los ríos Tera y Almucera: "... in ipso loco reconditae sunt, bocabulum villa quod dicent Castroferronio, discurrente ribulo Teira et de alia parte Almuçara"
Tomando como base estos condicionamientos geográficos, la clave para situar adecuadamente este monasterio nos la ofrece el diccionario de Madoz, que recoge dentro del término de Colinas de Trasmonte dos despoblados: Pobladura de Trasmonte y Castroferrol. En la actualidad, en la memoria colectiva de los vecinos de Colinas se ha perdido tal topónimo, aunque si se existe en cambio un vago recuerdo sobre la existencia de un monasterio antiguo.
En el mismo diccionario de Madoz se menciona otro despoblado bajo el nombre de San Miguel de Castro Ferrol en el pueblo inmediato de Quiruelas de Vidriales, deduciéndose que se trata del mismo emplazamiento, tal vez compartido por ambas poblaciones.
Localizado definitivamente nuestro monasterio en las inmediaciones de Colinas de Trasmonte, junto a los ríos Almucera y Tera, solamente queda dotarle de una emplazamiento más exacto. Dos posibles alternativas parecen ofrecerse en base a distintos indicios. Por una parte hay que mencionar un yacimiento arqueológico conocido como San Miguel en término del actual municipio de Quiruelas de Vidriales, con una atribución cultural correspondiente al Calcólitico y de época moderna, recogido por Larrén Izquierdo en la relación de yacimientos de este sector del valle del Tera.
El viejo Molino
La otra opción, mucho mejor documentada arqueológicamente, es el pago conocido como San Juan-El Valle en Colinas de Trasmonte. Se trata de un asentamiento romano/medieval situado al oeste del pueblo, sobre un pequeño altozano que da paso a las terrazas sobre el río Tera. No es propiamente un castro, pero en las inmediaciones existen varios cerros que bien pudieran asumir esa denominación.
Según el testimonio de varios vecinos, recogido por los arqueólogos, el lugar era conocido por la tradición oral como convento de San Juan, tal vez en referencia a la iglesia parroquial (San Juan Bautista) o a alguna posesión de la orden hospitalaria. La extensión del regadío a sus inmediaciones dio paso a una intervención arqueológica en el año 1993 que puso de manifiesto dos momentos ocupacionales. Uno de época romana bajoimperial datado a finales del siglo IV y el siglo V, y superpuesto a él otro de época medieval que "pudiera estar relacionado con un tipo de edificación religiosa, quizás monasterio o convento", correspondiente en cualquier caso a momentos plenomedievales, entre los siglos XI y XIII, según los hallazgos cerámicos. A unos 200 m. al sureste del área de excavación, se encontraron anteriormente dos tumbas romanas construidas con tegulae, dato que parece extender considerablemente el área de ocupación.
La superposición de iglesias o monasterios altomedievales sobre asentamientos anteriores de época romana bajoimperial, principalmente villae, es un aspecto bien conocido en la historiografía. Ejemplos bien cercanos los tenemos en Camarzana, El Piélago (Cimanes de la Vega), Villaquejida y tal vez en Abraveses de Tera (Virgen de la Encina) y Los Villares (Villanueva de Azoaque).
Sea como fuere, la denominación de este enclave como Castroferrol, pone en relación este lugar con un grupo de asentamientos bien conocidos: los castros, piezas fundamentales de la ordenación y jerarquización del poblamiento en los siglos X, XI y principios del siglo XII. En muchos casos se trata de sedes de demarcaciones territoriales, donde tenentes, merinos y sayones ejercían su jurisdicción como funcionarios regios. Como ha podido demostrar la arqueología, en buena parte de los casos, se trata de asentamientos altomedievales superpuestos a estructuras castreñas de épocas anteriores, incluso prehistóricas. Situados sobre cerros, y la mayor parte de ellos fortificados, eran también centros militares, que cumplían una función de defensa del territorio circundante, en cuyo espacio existían varias aldeas.
Iglesia parroquial de Colinas de Trasmonte [Foto Luis Peral]
Dentro del territorio de lo que más tarde será el alfoz del concejo benaventano, existieron varios núcleos de población que merecieron la denominación de castros. En primer lugar se debe citar, por su destacado protagonismo posterior, al propio Malgrad-Benavente, mencionado desde 1115 como Castro quod dicitur Malgrado. Además son identificables otros castra citados de forma intermitente en las fuentes de la época: Camarzana de Tera, Castrogonzalo, Castropepe, Mózar, Socastro, Ventosa, y nuestro Castroferrol. Como se ve, en general, se trata de lugares relativamente próximos entre sí, por tanto su posible área de influencia no sería muy extensa.
A partir de esta realidad inicial, surgió aquí un monasterio cuya historia se remonta al menos a la época de Bermudo II (985-999). Estratégicamente situado en los accesos al valle de Vidriales en su conjunción con el valle del Tera, debió aprovechar los flujos de comunicación de la antigua vía romana que unía Asturica Augusta con Bracara Augusta a través de Petavonium, uniéndose precisamente en las inmediaciones con la Vía de Sanabria, un camino natural que remonta el curso del río Tera poniendo en contacto los valles zamoranos con el sureste de Galicia, a través de los puertos de Padornelo y La Canda.
Su evolución resulta muy confusa al contar, como hemos visto, con una documentación extraordinariamente fragmentada y no del todo fiable en la transcripción.
Parece ser que la villa de Castroferrol, donde se asentaba el monasterio de San Miguel, había sido anteriormente propiedad de un tal Hamedo. En un momento determinado Bermudo II tomó o confiscó a Galindo Enneguez la villa de Congosto en el Bierzo. Su hija María pidió al rey alguna compensación por lo que consideraba una injusticia, obteniendo a cambio esta villa de Hamedo en Castroferrol. Más tarde, en 1015, María y sus hijos Galindo y Juan Cipriániz hicieron donación de esta villa, tal vez en agradecimiento, con todas su propiedades a los que allí morasen, hermanos y hermanas, bajo la obediencia del obispo de Astorga.
Bermudo II - Tumbo A de la Catedral de Santiago

La dotación es bastante sustanciosa y detallada, incluyendo objetos litúrgicos, vestimentas sagradas, libros, y bienes muebles e inmuebles, así como propiedades de la familia en Vidayanes y Araduey. La magnitud de la donación, acompañada de una extensa y solemne redacción documental, hace pensar en una fundación, o más bien de una refundación a partir de un centro anterior, tal vez el de San Salvador de Castroferrol del documento de 1006 donde se menciona a una abadesa Bendicta o Benedicta.
El cambio de advocación no es un hecho inusual en el monacato leonés, teniendo en cuenta además las múltiples vicisitudes por las que solían pasar este tipo de instituciones. Debe tenerse en cuenta, además, que con frecuencia los monasterios contaban con más de una de estas advocaciones, y dentro de ellas unas aparecen como principales y otras como secundarias. En el caso de Castroferrol, San Miguel aparece junto a Santa María en el diploma de 1015, denominación idéntica por otra parte al próximo monasterio de Camarzana de Tera.
Nos encontramos, pues, ante uno más de los numerosos cenobios que surgieron en el norte de Zamora en el período altomedieval. Su escaso rastro documental no permite establecer más conjeturas sobre su evolución posterior. Al igual que ocurriera con otras fundaciones mucho más consolidadas como Santa Marta de Tera, San Pedro de Zamudia, San Miguel de Camarzana o San Adrián del Valle, este monasterio de San Miguel de Castroferrol también acabó incorporándose a los bienes de la mitra astorgana, hecho que debió precipitar su extinción como institución monacal.
Castroferrol, como núcleo de población, vuelve a citarse en alguna ocasión. Hacia 1060 este lugar es mencionado como una de las villas y heredades que cayeron en manos de Diego Muñoz en la división de heredades de Osorio Fernández y doña Visclavara. En 1129 Castro Ferronnio es uno de los hitos del coto monástico de Santa Marta de Tera, confirmados por Alfonso VII, según fue fijado por su bisabuelo Fernando I. En 1170 Fernando II volvería a revalidar tales límites a través de un privilegio de confirmación.