martes, 19 de octubre de 2010

Retazos de pergamino viejo - El Beato de Osma y el monasterio de Carracedo

Chronica Minora

El llamado Beato de Osma es un valioso códice que recoge los célebres Comentarios al Apocalipsis atribuidos tradicionalmente al presbítero Beato de Liébana. Se custodia en el Museo Catedralicio y Diocesano de Burgo de Osma, instalado en dependencias del entorno del claustro. Es, indudablemente, la joya más preciada de la catedral.
Las medidas del libro son 360 x 255 mm. Consta de 166 folios escritos en letra visigótica a dos columnas de 43 líneas. Conserva 71 miniaturas, de entre las cuales la más difundida internacionalmente es la famosa representación del mapamundi a doble página en los folios 34v-35r.

Con el propósito de ilustrar la dispersión geográfica de los apóstoles por todo el ecumene, o mundo conocido en la Antigüedad, se incluyó en los Beatos un mapamundi derivado, en buena medida, del cartograma isidoriano. En él se mostraban las sortes apostolorum o lugares donde los discípulos de Jesús habían predicado. El reproducido en el códice de Osma es uno de los más completos que existen. Su forma es circular, con un Paraíso regado por cuatro ríos y el busto-retrato de los doce apóstoles. Cada uno de ellos está asentado sobre su presunto lugar de evangelización, acompañado de un rótulo identificativo.
La geografía de la Península Ibérica es especialmente detallada en la región de la "GALLECIA", sin duda recuerdo de la antigua provincia o circunscripción romana y altomedieval de la "Gallaecia". La figura de Santiago el Mayor, "S. Iacobs aps.", se asienta sobre un santuario en las proximidades de lo que se entiende es el faro de La Coruña, "Faro". Los ríos Miño, "F. Minneus", y Duero, "F. Durius", y el territorio de Asturias, "ASTURIAS", son otros de los referentes espaciales.



El manuscrito parece ser obra de varias manos. En el folio 138v. suscribe cierto clérigo de nombre Pedro: "Memento mei Petrus clericus scripsit", mientras que en folio 163, bajo la omega final, comparece un tal Martín o Martino: "Martini peccatoris mementote". Este último personaje se ha venido identificando con el iluminador, aunque sin mucho fundamento. La data se consigna en el folio 10v. "IN NOMINE DOMINI NOSTRI JESU CHRISTI INCIPIT LIBER APOCALIPSIN QUOD INTERPRETATUR REVELATIO CHRISTI. ERA MCXXIIII" (año 1086).
Nuestro Beato pertenece a la denominada Familia I de la tradición textual, al igual que ocurre con otros textos relacionados con él como el Beato de Lorvao -datado éste en 1189- o dos folios de un Beato de la segunda mitad del siglo XII conservados en el Archivo Histórico Provincial de León.
Sobre el lugar de producción y el paradero anterior de este singular códice existen muchas especulaciones. A finales del siglo XIII o principios del siglo XIV debía estar ya en Osma, pues en un inventario de libros y documentos de esta época se mencionan "unas ystorias eclesiasticas e un apocalipsis toledano". Igualmente, en el vuelto del folio 165 de nuestro manuscrito existe una anotación en letra de la segunda mitad del siglo XIII: "Apochalipsis est de armario Oxomensi. Si quis eum furatus fuerit vel alio modo de eo extraverit sine licentia conventus vel hc. totum deleverit anathema sit".

A partir de los estudios de Shailor se ha propuesto últimamente el scriptorium del monasterio de los Santos Facundo y Primitivo de Sahagún como el responsable de su escritura e iluminación: "Hoy, sin embargo, es claro que su formato físico, escritura y ornamentación apuntan incontrovertiblemente al monasterio leonés de Sahagún como lugar de origen". Esta adjudicación ha sido también asumida, con algunas matizaciones, por John Willians, J. A. Fernández Flórez y Joaquín Yarza Luaces.
Sin embargo, en el folio 165r. nos topamos con el contenido de dos documentos directamente relacionados con el monasterio de Carracedo. Por una parte el fragmento final de una Bula de Inocencio III fechada a 22 de noviembre de 1203. Por otra, una carta, sin fecha, de Don Lope, obispo de Astorga (1190-1205), dirigida al abad y monjes de dicho monasterio: "Astoricensis ecclesie episcopo dilectis in Christo filiis abbati et fratribus de Carrazeto". Ambos diplomas están relacionados con la sujeción del monasterio berciano a la observancia del Císter y están recogidos en el llamado "Cartulario de Carracedo".
Carracedo durante la segunda mitad del siglo XII se había convertido en cabeza de una congregación con numerosas filiales en León, Galicia, Asturias y Zamora. Hacia 1203 esta congregación ingresará en la orden francesa del Císter a través de Citeaux, cambiando sus antiguos hábitos negros benedictinos por los blancos cistercienses, y mudando su anterior nombre de San Salvador por el de Santa María de Carracedo. De este momento se conserva abundante documentación, entre ellas varias cartas de Inocencio III fechadas en 1203. El primero de los textos copiados en el Beato de Osma es parte de un diploma bastante más amplio originalmente y que incluía la confirmación de todas las heredades del monasterio.

A partir de la presencia de estas cartas se ha supuesto por algunos autores, como Ramsay o Neuss, su confección en el cenobio de la ribera del Cúa. Sin embargo, son varios los inconvenientes serios de índole histórica que plantea esta hipótesis. El monasterio de San Salvador Carracedo, fundado por Bermudo II en torno al año 990, pronto perdió pujanza tras la muerte del rey y atravesó un periodo de casi total oscuridad hasta su refundación en 1138 por Alfonso VII y su hermana doña Sancha. De todo ello es fiel testigo el registro de documentos del Índice o Cartulario de Carracedo. Estos pormenores parecen no haber sido tenidos en cuenta por los estudiosos del códice.
La última donación conocida al monasterio es de 995, y partir de entonces son muy raras las menciones en la documentación de la época. Yepes cita algún diploma de 1030 que indicaría su pervivencia, pero todo apunta a que la vida monástica o bien había desaparecido o languidecía. En 1094 unas heredades en Corullón se deslindan con "término de Carrazedo", según un diploma de la Catedral de Astorga.
Como han puesto de manifiesto José Antonio Balboa de Paz y Manuel Carriedo Tejedo, otros documentos coetáneos mencionan simplemente la existencia aquí de una villa, sin ninguna alusión a la comunidad de monjes. Tampoco contamos con datos fiables sobre posibles o supuestos abades, no habiendo más que especulaciones al respecto.
Lo cierto es que las noticias sobre el claustro berciano se difuminan entre 1040 (fecha de la última donación conocida a favor de San Salvador), y el año 1130 (cuando se menciona el infantado de Carracedo). Entre ambas fechas una mención en 1126 nos presenta actuando en Carracedo una autoridad civil: “Petro Garcia, tenens Carrazeto”.
Sobre el diploma de 1040 tampoco hay total seguridad, pues hoy no se conserva y sólo Yepes alcanzó a glosar su contenido en el siglo XVII. Se trata de una donación por el obispo astorgano Sampiro de la villa de Sorribas en la que se cita un abad de nombre Esteban. En 1130 con motivo de la entrega por Alfonso VII a la iglesia de Santiago de la villa de Cacabelos, confirma, entre otros, la infantisa doña Sancha: “Ego infantissa domna Sancia ... confirmo et quicquid in prefata villa habeo pos partem de infantatico de Carracedo”. Esta noticia es anterior, en cualquier caso, al traslado de los monjes de Santa Marina de Valverde a San Salvador de Carracedo, al frente del abad Florencio, con el patrocinio de Alfonso VII, según sabemos por un diploma fechado el 17 de octubre de 1138.

En tales circunstancias resulta muy remota la posibilidad de que en este lugar pudiera haberse compuesto en 1086 un códice de la envergadura y la calidad del conservado hoy en Burgo de Osma.
Otra cosa son las razones por las que las mencionadas escrituras fueron incorporadas al beato oxomense. En la descripción del códice hecha en 1929 por Timoteo Rojo Orcajo  hacía ya constar que el folio 165 fue puesto como guarda del manuscrito, es decir, no pertenecía orgánicamente a ningunos de los cuadernillos.
Si cotejamos los textos de dicho folio 165r con los documentos correspondientes del "Cartulario de Carracedo" resulta evidente que estamos ante una copia incompleta hecha en fechas cercanas a 1203 y que, por tanto,  faltarían al menos o uno dos folios más. Todo apunta que el folio es cuestión fue reaprovechado como guarda, desgajándole previamente de un bifolio o un cuadernillo con más páginas.
A partir de estas premisas las posibilidades se multiplican. Puede tratarse de un simple "pergamino viejo", uno de tantos, reutilizado en alguna reencuadernación del manuscrito en Osma o en cualquier otro lugar. Pero tampoco puede descartarse totalmente la estancia en los anaqueles de la biblioteca de Carracedo a partir de mediados del siglo XII.
Podría haber sido adquirido entonces por la recién renovada abadía, o haber recalado aquí desde cualquiera de los monasterios filiales de su orden, varios de ellos con historia conocida en la segunda mitad del siglo XI. Otra posibilidad es que estuviera prestado temporalmente para la realización de una copia. De hecho, el Beato de Lorvao parece ser una copia del códice de Burgo de Osma, o bien ambos textos proceden de un mismo arquetipo. Igualmente, los dos folios sueltos de un Beato procedente de Astorga, hoy en el Archivo Histórico Provincial de León, tienen alguna relación iconográfica y codicológica con los ejemplares de Osma y Lorvao.

Cuando Ambrosio de Morales visitó la biblioteca de Carracedo en el siglo XVI advirtió que una gran parte de sus ejemplares antiguos se habían enajenado: "Libros han tenido muchos, y hanlos dado para pergamino viejo: todavía quedan estos: Sancti Paterii Opus: ex operibus D. Gregorii. Berengarius in Apocalypsim. Un santoral muy bueno, que tiene al cabo la Historia de Paulo Diácono de Mérida, y también las Obras de Valerio, que fue Abad allí en el Vierzo, poco después de la perdición de España: y en Oviedo se ha dicho ya como había allí también sus obras".
Lo que es indudable es que en la segunda mitad del siglo XIII nuestro Beato ya pertenecía al capítulo de Burgo de Osma, según consta del texto copiado a la vuelta de ese mismo folio 165. Sabemos, además, que la catedral de Osma adquirió varios códices procedentes de la abadía navarra de Santa María de Fitero.
En cualquier caso, la catedral estaría interesada en adquirir un Beato, obra de un gran prestigio dedicada expresamente por el autor a un obispo suyo, Eterio de Osma, todo ello a pesar de que para entonces la letra visigótica estaba ya totalmente en desuso. Prueba de ello es la descripción inserta en el primer folio del códice: "Explicación del Apocalipsis por varios autores. Esta exposición es de S. Beato de Liébana, abad de Liébana (Cantabria) famoso por haber combatido juntamente con Eterio, discípulo de S. Beato, obispo de Osma, los errores de Félix (obispo de Urgel fue convencido de error y murió en 818) y Elipando (arzobispo de Toledo, que murió contumaz en 808)".
Imágenes: 1. Mapa mundi [fol. 34v.-35r]; 2. Detalle del Mapa mundi con la descripción de "GALLECIA"; 3. La mujer y el dragón [fol. 117v.]; 4. Diplomas de Carracedo copiados en el folio 165r.; 5. Sala capitular de Carracedo y 6. Portada occidental de la iglesia del monasterio.

martes, 5 de octubre de 2010

Memorias del “Conventico” - El Priorato de San Salvador de Villaverde

Crónica de la Desolación

El valle de Vidriales es uno de los territorios del norte de Zamora que mayor interés despierta para el conocimiento del poblamiento medieval. A su conocido pasado romano y, muy probablemente, visigodo, hay que añadir un interesante episodio altomedieval en torno a los monasterios de Ageo y Castroferrol.
El presente artículo pretende ofrecer una aproximación un pequeño cenobio enclavado en el centro de este valle. Se trata del monasterio de San Salvador de Villaverde de Vidriales. Una fundación prácticamente olvidada hoy, pero que cuenta con una historia ciertamente azarosa y evocadora.
Su dominio patrimonial no debió sobrepasar más que ocasionalmente los contornos de este estrecho valle zamorano. Sin embargo, destacadas instituciones, como el monasterio de Sahagún, el francés de Cluny, o representantes de los más encumbrados linajes del reino, como los Pimentel, fijarán su atención sobre este pequeño centro de culto.

A diferencia de otros cenobios desaparecidos en épocas remotas, su localización no ofrece duda alguna, al haberse mantenido su actividad prácticamente hasta el siglo XX, y conservarse aún las ruinas de su pequeña iglesia, así como una parte significativa de sus dependencias.
El pago se encuentra en medio de los campos de cultivo que separan Santibáñez de Vidriales y San Pedro de la Viña, en término de este último pueblo, siendo conocido por los lugareños como “El Conventico”. El paraje describe una suave ladera hasta encontrase con el arroyo de La Almucera, principal curso fluvial colector de toda la comarca, con la Sierra de Carpurias al fondo dominando el horizonte. Se sitúa prácticamente en el centro del valle, muy próximo al antiguo campamento romano de Petavonium, en Rosinos de Vidriales. Estaría localizado, por tanto, junto a la calzada romana que unía Asturica Augusta con Bracara Augusta, una vía que durante Edad Media mantendría parte de su antigua vitalidad como eje de comunicaciones y camino de peregrinación.
No se conocen con certeza cuáles son los orígenes de este monasterio. Su primera mención procede de un diploma de los fondos del monasterio de Sahagún del año 1100. Para entonces el cenobio está ya bajo el control de Alfonso VI, pero el documento nos informa que había pertenecido con anterioridad al conde Munio Fernández, tal vez su fundador, con lo que su historia conocida se remontaría al menos a la segunda mitad del siglo XI.
La fundación debió realizarse sobre una antigua villa o explotación agraria preexistente conocida como Villa Verde. Parece claro que desde sus orígenes el sostenimiento del lugar estuvo vinculado a la explotación de esta villa, en la que existía -no sabemos si también desde un principio- un contingente de campesinos dependientes.
En el mencionado documento del año 1100, Alfonso VI relata como disfrutando de la posesión del cenobio el conde Munio Fernández, pasó a manos del rey, según la costumbre del reino dada la “soberbia” del conde, que le hizo padecer destierro. Debió tratarse, por tanto, de una confiscación muy al uso en la época, fruto de la denominada ira regia. Munio Fernández no debe confundirse con otro magnate homónimo asiduo en los diplomas leoneses de finales del siglo X, y también inmerso en rebeliones contra la monarquía, en este caso contra la persona de Vermudo II. El Munio Fernández que nos ocupa debió ser un noble de menor entidad, pues ha dejado un escaso rastro documental. Estuvo casado con Aldonza Gómez, hija del conde Gómez Díaz y Teresa Peláez, y hermana de Elvira y Mayor Gómez, a quien su lauda sepulcral llama también cometissa. De este matrimonio conocemos a una hija: Elvira Muñiz.
Posteriormente, el rey entregó el monasterio a su esposa, la reina Berta, que se ocupó de su administración. Pero fallecida la reina y enterrada en el monasterio de Sahagún, al monarca lo entregó al gran cenobio benedictino, con quien le unía una estrecha vinculación. La donación incluía también una solemne disposición sobre la obligación de los nuevos propietarios de proporcionar recursos a trece pobres para mantener perpetuamente viva la memoria de Alfonso VI y de su difunta esposa.
Fallecido el monarca, la condesa doña Aldonza, viuda del conde Munio, reclamó sus derechos sobre el pequeño monasterio a la reina doña Urraca. La reina, a instancias del obispo de León que debió actuar de mediador, reconoció que su antecesor había sido mal informado y, considerando legítimas sus pretensiones, restituyó la posesión en fecha no concretada. Poco tiempo después, en 1112, la condesa decidió entregarlo, con todos sus derechos y pertenencias, al monasterio de Cluny y a su abad Poncio. Dadas las estrechas relaciones mantenidas entre Cluny y Sahagún a finales del siglo XI y principios del siglo XII, esta donación tiene más bien la apariencia de un compromiso que satisfaría a todas las partes implicadas en el asunto.
Con el tiempo Villaverde volvió de nuevo al control efectivo del monasterio de Sahagún, aunque no se cuenta con información sobre cuándo ni cómo. Es entonces cuando el cenobio debió adquirir la condición de priorato, uno más de la larga lista de filiaciones con que contaba el cenobio de la ribera del Cea. En cualquier caso, la vinculación entre Villaverde y Cluny debió mantenerse de alguna forma, bien fuera de una manera órganica o puramente nominal, pues incluso en el siglo XVI se sigue denominado en los diplomas como San Salvador de Villaverde de Cluny.
Desde principios del siglo XV el monasterio de San Salvador de Vidriales comienza a entrar en la órbita de los Pimentel. En un principio, las relaciones se limitan a acuerdos o transacciones patrimoniales. Así por ejemplo, dos de los lugares del priorato: Sandín y Valleluengo, son objeto de un cambio entre el prior de Villaverde, fray Juan de Calzada y don Rodrigo Alfonso Pimentel, II Conde de Benavente, formalizado el 26 de marzo de 1428. A cambio el monasterio recibió una heredad de cinco yugadas en Bercianos de Vidriales, aldea de la jurisdicción de Benavente, de la cual se obtenían 35 cargas de pan.
Escalona atribuye a don Rodrigo Pimentel, conde de Benavente la entrega por Sahagún de la encomienda del priorato, justificándolo en las “turbaciones de Castilla”. Según este autor “este señor se levantó con él y sus haciendas y derechos que eran muy notables”. Isabel Beceiro supone que este Rodrigo debe corresponderse con el segundo titular del condado: Rodrigo Alfonso Pimentel, y no con el cuarto homónimo como pudiera darse a entender, pues dicha encomienda figura entre los bienes del tercer conde: Alfonso Pimentel. Los derechos del priorato incluían en este momento “el padronadgo a presentar en los beneficios de Minçereces e de Aguilar y Olmillos e de Santa Marina de Xamontes e de Santisteuan de Olmos que son en la dióçesis de Astorga e de otros beneficios e rentas eclesiásticas e siempre touo derecho de apresentar a ellos”.
Las denuncias de abusos y usurpaciones motivaron el inicio de un largo pleito a instancias del monasterio de Sahagún desencadenado a partir de 1478. Las consecuencias de este proceso dieron un rumbo totalmente nuevo al destino del pequeño priorato.
Es 1510 cuando el papa Julio II nombra prior a Juan Pimentel, que además disfrutaba de la encomienda. Su apellido delata su emparentamiento con la familia condal, al parecer sobrino del V conde. Este noble tomó posesión del pequeño priorato el 3 de mayo de 1510 a través del clérigo Gonzalo de Magaz, su representante legal.
Pocos días después, el 8 de mayo de ese mismo año, el propio Juan Pimentel, ratificaba la posesión en un acto solemne celebrado en el monasterio de Nogales. Sin embargo, el monasterio de Sahagún no se dio por vencido y siguió pleiteando ante la curia romana en defensa de sus derechos.
Pero en 1525 se produjo una inflexión decisiva, que decantó definitivamente el asunto hacia los intereses condales. En esta fecha el papa Clemente VII anexionaba el priorato de Villaverde al Hospital de la Piedad de Benavente, recientemente fundado por el V Conde, Alfonso Pimentel y su mujer Ana de Hererra y de Velasco. Según se deduce del documento pontificio el V conde consiguió de su pariente, Juan Pimentel, que hiciese renuncia de la encomienda del mismo en manos del Papa Clemente VII y este a su vez, por súplica del conde, lo mandó agregar al Hospital de la Piedad. Esta unión llevaba consigo la obligación mantener en la iglesia prioral dos monjes o presbíteros seculares para atender el culto y las misas diarias.
Las protestas de Sahagún apenas consiguieron conmover la línea marcada por Roma. Finalmente en 1544 la curia romana pronuncia sentencia en la que se condena al monasterio de Sahagún a perpetuo silencio, y se declaran válidas las anexiones. El monasterio leonés se vio obligado a abonar 60 ducados y 4 florines de oro en concepto de costas del proceso. Por su parte, el hospital pagaba cada quince años, en compensación por dicha agregación, las contribuciones correspondientes a la Santa Sede. El Libro Becerro del Hospital de la Piedad de Benavente registra en su contabilidad los asientos correspondientes a estos dispendios. En el siglo XVIII la suma global, los llamados quindenios, ascendía a 2000 reales, más 460 reales en concepto de gastos de cobranza y desplazamiento.

La trayectoria de San Salvador de Villaverde corre desde entonces paralela a la del Hospital de la Piedad. Durante los siglos siguientes el priorato siguió ampliando su patrimonio en el valle de Vidriales. En el siglo XVIII sus rentas se extendían por los lugares de Jamontes, Micereces, Valderas, Requejo de la Polvorosa, Vecilla, Mózar, Burganes, Olmillos, Navianos, Aguilar, Abraveses, Sitrama, Colinas, Granucillo, Granucillino, Cunquilla, Bercianos, Tardemázar, Santibáñez de Vidriales, Calzada, Uña y Letrillas.
Sin embargo, la vida languidecía en el pequeño centro religioso. En 1752 se mencionan los dos capellanes que ejercen sus funciones en la “Casa del Priorato”: Pedro Mateos y José Castaño. A mediados del siglo XIX Madoz indica escuetamente que en él ejercían sus funciones únicamente dos sacerdotes nombrados por el conde de Benavente. Esta actividad, casi vegetativa, se vino manteniendo hasta bien entrado el siglo XX.
Los dos religiosos residían aquí con el único compromiso de atender sus obligaciones de culto, fundamentalmente misas, según una tradición secular reglamentada por los Condes de Benavente. Además oficiaban otros servicios religiosos requeridos ocasionalmente por los lugareños. La actividad debió extinguirse definitivamente cuando el Hospital de la Piedad de Benavente pasó a ser Asilo de Ancianos, si bien la fundación que administra sus bienes sigue conservando los derechos de propiedad de la finca en la que encuentra el priorato.
Imágenes: 1. Vista de la casa prioral con un sarcófago roto en primer plano; 2. Capilla; 3. Fachada principal de la casa prioral; 4. Patio y dependencias auxiliares; 5. Interior de la capilla y 6. Vista de San Pedro de la Viña.