miércoles, 25 de junio de 2008

La Isla del Lago de Sanabria - Palacete de recreo del Conde de Benavente

Las perlas del patrimonio
El Lago de Sanabria, presente en los diplomas medievales bajo los nombres de "Mare Lacum" y "Lago de San Martín de Castañeda", se encuentra entre las estribaciones de las Sierras de Cabrera Baja y Segundera, formando parte de la cuenca del río Tera, en el actual término municipal de Galende. Su extensión aproximada abarca 368 hectáreas, con un volumen de agua superior a los 105 millones de metros cúbicos. Debido a su origen glaciar de morrena la configuración de este lago adopta la típica forma en "artesa", esto es laderas cortadas abruptamente y fondo, en líneas generales, plano. A lo largo de su eje, dispuesto en sentido Oeste-Este, se diferencian dos cubetas separadas por una zona central en la que la profundidad desciende ligeramente.

La cubeta Oeste presenta una menor profundidad máxima (42 metros) como consecuencia de la existencia de un valle de aluvión formado por los sedimentos depositados por el río Tera en las inmediaciones del actual Ribadelago. Por su parte, la cubeta Este, es la más profunda, superándose los 50 metros. Es en la cubeta Oeste, a unos 800 metros de Ribadelago Viejo, donde se ubica un gran afloramiento rocoso de forma alargada conocido como el Peñón del Castro, que se introduce a modo de península bastantes metros en el Lago. Precisamente frente a él, a escasa distancia, se encuentra un pequeño islote, conocido como la Isla de las Moras debido a la abundancia de zarzas en su interior.Sobre este pequeño islote el IV Conde de Benavente, Rodrigo Alfonso Pimentel, levantó a mediados del siglo XV un curioso palacete de recreo, que hacía las veces de pabellón de pesca. No contamos con demasiadas referencias sobre el aspecto o disposición de esta peculiar edificación.
La construcción de esta casa fuerte del Lago debe considerarse contemporánea a la del castillo de Puebla de Sanabria, cuyo núcleo central de los trabajos se desarrollaron entre 1477 y 1482. Cabe además la posibilidad, en base a simples razones de proximidad geográfica, que el maestro Juan de Herrada, responsable al menos de la torre del homenaje de esta fortaleza, pudiera haber participado de alguna manera en la isla del Lago.
Ciertas alusiones a los materiales empleados en su construcción: piedra, tierra, madera, etc., unido a las menciones a "artesonados de oro" o a los restos de su "antigua decoración", nos invitan a entroncar la Casa del Lago con el que fue sin duda el edificio más emblemático del linaje Pimentel: el castillo de Benavente. La fortaleza benaventana organizaba sus interiores al gusto mudéjar, en una distribución tripartita, esto es, zócalos o arrimaderos de azulejería, artesonados de madera labrados y pintados y los paramentos intermedios decorados con yeserías.
En 1491 el conde entregaba la Casa del Lago, ya en franca decadencia y medio arruinado, al monasterio de San Martín de Castañeda. Una tradición monástica aseguraba que esta cesión sería una muestra de arrepentimiento por la usurpación del Lago y los excesos del noble benaventano en la región. Según el relato: "por este tiempo mandó el conde edificar una casa dentro del Lago e hizo venir marineros de los puertos con redes y barcos; después estando el Conde, el Duque de Alba, el Conde Luna y otros señores en dicha casa, se levantó tan recio temporal de aire que las olas del Lago venían por encima de la Casa, durando su furia más de veinticuatro horas donde estuvieron en manifiesto peligro. Por lo cual dicho Conde hizo donación de dicha Casa a este Monasterio”.Ambrosio de Morales, con ocasión de su viaje por los reinos de León, Galicia y Principado de Asturias, bajo la iniciativa de Felipe II, dedica unas líneas a este pequeño islote. El célebre cronista cordobés escribe hacia 1572, a propósito de su estancia en la comarca sanabresa, lo siguiente: "Cerca de la Casa (en referencia al monasterio de San Martín de Castañeda) está un Lago en el que entra y sale el Río Tera, que notablemente vienen por lo alto de una serrezuela, y por allí encima tiene su curso continuado. De allí baja a hacer este Lago, que tiene de largo una legua y hondura increíble, y se mueve algunas veces con tempestades como la mar. En medio de él está una gran peña donde los Condes de Benavente en tiempo que tenían por suyo este Lago, labraron un rico Palacio con muchos artesones de oro. Agora es el Lago del Monesterio, y tiene muchas Truchas y Barbos en grande abundancia, y muy sano".Este mismo autor vuelve a hacer alusión al tema en Las Antigüedades de las ciudades de España (1575), formando parte de una disertación sobre los lagos existentes en España. El párrafo correspondiente en su núcleo central remite al anterior testimonio, pero introduce algunas novedades y precisiones de interés: "La laguna de Sanabria cerca de Astorga, deve ser la mayor y más notable que acá se halla. Házela el río Tera, que entra y sale por ella: y es cosa harto notable en el río, el traer su corriente por el lomo de un collado bien alto. Tiene el largo una legua en largo, y poco menos de media en ancho. Su hondura es tanta, que en muchas partes no se le halla suelo, y créesele entran muchas corrientes por los lados, que manan por lo baxo de las sierras comarcanas. Muévese muchas vezes como la mar, y son tan fieras como en él las tempestades, así que algunas vezes han peligrado pescadores que andan en barcas, y otros que se hallan en una rica casa que el conde de Benavente tiene sobre una peña en medio del Lago".Ya en el siglo XIX, el incansable viajero inglés Richard Ford Ford, alude todavía a las glorias decrépitas del palacete: "En el lago hay una isla en la que se levanta un castillo que es una especie de pabellón de pesca de los antiguos condes de Benavente y conserva aún algo de su antigua decoración".En la actualidad nada queda de aquella efímera construcción. En el perímetro de la isla, actualmente cubierta por abundante vegetación, se reconocen apenas algunos restos de muros levantados con piedra irregular, aunque prácticamente derruidos.
Imágenes: 1. La Isla de la Moras en el Lago de Sanabria; 2. Detalle de muros de construcción en la isla y 3. Escudo del V Conde de Benavente en el Hospital de la Piedad.
Véase también el siguiente artículo disponible en PDF: R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, "Notas sobre la Casa del Lago del Conde de Benavente. A propósito de un pergamino del Archivo Histórico Provincial de Zamora", Brigecio. Revista de Estudios de Benavente y sus Tierras, 9 (1999), pp. 73-86.

miércoles, 18 de junio de 2008

En los límites de las Sombras - Fotografía artística en el Benavente de los años 50

Memoria Gráfica

Bajo el título "En los límites de las sombras" se organizó hace unos meses en León una exposición sobre la labor fotográfica de Bernardo Alonso Villarejo. La muestra, promovida por el Instituto Leonés de Cultura, se desarrolló entre el 23 de noviembre de 2007 y el 23 de enero de 2008, y contó con exposiciones itinerantes en Ponferrada, Bembibre, Villablino y Fabero.
La figura del berciano Bernardo Alonso Villarejo (1906-1998) es ciertamente atípica dentro del panorama de la fotografía española. Nacido en Bembibre en el seno de una familia de industriales acomodada, sus ocupaciones laborales fueron siempre por otros derroteros, centrados en administrar sus negocios: los conocidos "Almacenes Villarejo" de Bembibre y una tienda abierta en Ponferrada. Su desahogada posición social le permitió cultivar con entusiasmo sus variadas aficiones, adquirir una vasta cultura y viajar por diversas capitales europeas, así como por gran parte de la geografía española, donde dio rienda suelta a sus inquietudes artísticas.

La fotografía fue en realidad para él, más que una afición, su pasión y su devoción. Armado con la legendaria Leica M3 y una Rolleiflex, emprendió un camino fructífero que le ha llevado a ser uno de los fotógrafos leoneses más recomendables del pasado siglo. Sin embargo, la mayor parte de su prolífica obra ha pasado inadvertida durante décadas, arrinconada entre los recuerdos familiares y el archivo personal. Como ha ocurrido con otros muchos creadores, ha sido tras su fallecimiento cuando se ha podido sacar a la luz y valorar toda una vida de sensibilidad, de persecución incansable, casi clandestina, de la belleza detrás de una cámara.
Villarejo es, ante todo, un autodidacta, que desarrolla su arte desde una completa libertad creativa. No está lastrado por el academicismo y los rigores de la ortodoxia, como ocurre con muchos fotógrafos profesionales. Ello no es óbice para que sus composiciones estén perfectamente estudiadas y calculadas hasta en los más mínimos detalles, forzando el encuadre, eligiendo con clarividencia la composición más adecuada y buscando siempre la hora y el instante apropiados. Al autor le fascina el efecto de la luz sobre paisajes y figuras, la proyección de los rayos solares en ocasos y amaneceres, y los reflejos del agua.

Viene a este Blog una bella fotografía presentada en el catálogo bajo el título "Geometría", pero que en realidad es una evocadora imagen tomada, con toda seguridad, en Benavente a mediados de los años 50. Probablemente sea próxima en el tiempo a otros positivos del Lago de Sanabria fechados en 1955 y 1957.
Reproduce la instantánea una intimista escena ambientada en los Jardines de la Mota, junto al antiguo depósito de aguas. Una delicada figura femenina, completamente vestida de blanco y tocada con pañuelo, se acerca a la fuente y con su mano izquierda aprieta el surtidor para hacer brotar un chorro de agua. Nuestro fotógrafo eligió premeditadamente para tan inquietante asunto las primeras horas de una mañana de Primavera o de Verano. Consiguió así acercarse a otro de los temas recurrentes de su privada afición: el contraluz. Por que Villarejo se deja atrapar por el efecto volumétrico de la luz solar sobre los espacios arquitectónicos. En este caso, consigue crear un sugerente juego rítmico de volúmenes a partir de los pilares de hormigón armado de nuestro viejo depósito, resaltando así la gradación de la luz y modulando las texturas.

Luces y sombras, estratégicamente alineadas, se proyectan geométricamente sobre figura y paisaje. Una tímida transparencia se deja sentir en el atuendo de la dama. El agua de la fuente emite un pálido y fugaz reflejo. El suelo se cubre de destellos y manchas de oscuridad. Paisaje con figura bajo el sol de la mañana. Una visión onírica desde una mirada lúcida. Un retazo de poesía impresionada sobre celuloide. Reflejos y penumbras despuntan al alba en el Benavente de los cincuenta.

Imágenes: 1. Portada del catálogo En los límites de las sombras; 2. Geometría y 3. El mismo rincón de Benavente en la actualidad.

miércoles, 11 de junio de 2008

Una imagen para la Historia - La fachada de la iglesia del monasterio de San Francisco de Benavente

Memoria Gráfica

Damos a conocer en este artículo una vista inédita e impresionante de la fachada barroca del desaparecido monasterio de San Francisco. Su excepcional interés radica en que a día de hoy no se conocía ningún otro documento gráfico que reproduzca este motivo. El autor de la instantánea fue un viajero inglés, que visitó nuestra villa a finales del siglo XIX.
El monasterio de San Francisco de Benavente fue una de las instituciones más destacadas de las integrantes de la Provincia Franciscana de Santiago. Fundado hacia 1270 a instancias de doña Violante, esposa de Alfonso X, conoció una segunda edad dorada con el patrocinio de los condes de Benavente a partir del siglo XV, que escogieron su capilla mayor como panteón familiar para varias de sus generaciones. Serán los Pimentel quienes den lustre a la vieja fábrica medieval y afronten diversas reformas y reedificaciones a lo largo de los siglos.


Al igual que ocurría con otros conventos benaventanos, como los Santa Clara, San Bernardo o Sancti Spiritus, para su fundación y acomodo en el callejero urbano se tomaron terrenos situados al abrigo de la cerca medieval, de forma que sus paredones perimetrales se integraban en el cinturón defensivo de la villa. Sus dependencias, que comprendían un vasto conjunto de edificios, corrales, huertos y solares, abarcaban las actuales plaza y ronda de San Francisco, las calles Fray Toribio y Renueva, y la avenida del Ferial. Sobre los solares del templo se levantaron a mediados del siglo XX los Juzgados y, poco más tarde, el actual Centro de Salud de la Seguridad Social.

Al igual que ocurría con otros conventos benaventanos, como los Santa Clara, San Bernardo o Sancti Spiritus, para su fundación y acomodo en el callejero urbano se tomaron terrenos situados al abrigo de la cerca medieval, de forma que sus paredones perimetrales se integraban en el cinturón defensivo de la villa. Sus dependencias, que comprendían un vasto conjunto de edificios, corrales, huertos y solares, abarcaban las actuales plaza y ronda de San Francisco, las calles Fray Toribio y Renueva, y la avenida del Ferial. Sobre los solares del templo se levantaron a mediados del siglo XX los Juzgados y, poco más tarde, el actual Centro de Salud de la Seguridad Social.
En 1809 una gran parte de los edificios conventuales fueron incendiados por las tropas francesas. Fernando Fernández Brime, en un opúsculo de 1881, describía con emoción el acontecimiento:

“El día de Reyes, o sea el 6 de enero de este año [de 1809], es una de las fechas más terribles y dolorosas para esta Villa, pues en él tuvo lugar el espantoso siniestro del incendio de esta tan preciada fábrica de San Francisco. Es débil la sospecha de que los ingleses antes de marcharse dejaron encendidas maderas, asegurando algunos que los franceses luego que llegaron fueron los que prendieron el fuego a este hermoso edificio, que tanto adorno prestaba a la Villa, el cual incendiándose voraz y espantosamente se redujo enteramente a escombros y cenizas, de las que ha sido imposible repararse. Únicamente quedaron levantadas las paredes inclusas las de la iglesia y torre que todas son de piedra sillería y mampostería, pero fuertemente calcinadas con la intensidad del fuego, que no perdonó la parte más mínima de toda la fábrica. La torre misma abrió también, hundiéndose el reloj en ella colocado, las campanas y cuanto tenía combustible, desapareciendo hasta los mismos metales”.

La fotografía ahora presentada ofrece una vista de conjunto de las fachadas principales del convento. A la izquierda el cuerpo occidental de la iglesia con su pórtico de triple arcada, y a la derecha la portería orientada hacia el norte. Aunque el edificio de la iglesia es ya claramente una ruina, la estampa evoca una construcción majestuosa de un barroco sobrio y arcaizante. El posible empleo del granito en su construcción, su pórtico a los pies, así como algunos destalles ornamentales propios del "estilo de placas" evocan influencias gallegas. En consonancia con todo ello estaría el apellido Taboada del autor del diseño original (Joseph González Taboada) y la pertenencia del convento a la Provincia Franciscana de Santiago. Si nos ajustamos a lo consignado en la documentación debemos situar su ejecución entre 1745 y 1760. La estereotomía del granito, unida a una interpretación muy particular de la decoración otorga a la obra un carácter geométrico y potencia los elementos volumétricos, todo ello en la línea del léxico de esa peculiar fase del barroco cultivada en Galicia.

La fachada de la iglesia se presenta como una gran pantalla pétrea rematada semicircularmente. Su amplio desarrollo espacial llega a enmascarar la estructura interior del templo, especialmente en lo relativo a cubiertas y techumbres. El efecto dominante es el de un gran retablo pétreo, una obra de marquetería de formas geométricas que se recortan nítidamente sobre amplias porciones de muro liso. Se divide en tres calles verticales y tres cuerpos horizontales. La separación entre cuerpos se hace a través de cornisas. En el cuerpo central las calles se delimitan con pilastras cajeadas, mientras que en el primer cuerpo se emplean placas sobrepuestas y colgantes que mueren a media altura. Esto evidencia que en su diseño ya estaba previsto dejar despejado el muro para recibir el pórtico. La decoración se concentra en la calle central, con una alternancia de los espacios macizos y huecos flanqueados por asuntos variados: columnas, peanas, molduras, placas, etc. Presiden esta calle central una ventana rematada en arco de medio punto sobre columnas, una hornacina adintelada, cobijo de alguna imagen de San Francisco, y un gran blasón, probablemente dedicado al emblema de la orden franciscana o a las armas de los Pimentel. El resto de la fachada se adorna con cornisas, hornacinas menores, blasones, placas, cruces, bolas apiramidadas y otros detalles.
El encuadre de la instantánea corresponde a una altura superior al nivel de la entrada a los edificios. Coincidiría aproximadamente con la perspectiva actual desde la calle Villalpando mirando hacia el edificio de los juzgados. La cubierta del pórtico occidental se aprecia notablemente deteriorada y llena de maleza. La famosa torre de planta cuadrangular, citada por algunos visitantes, ya no es visible. Dicha torre aún permanecía incólume a comienzos de los años 60 del siglo XIX, pero fue derribada a instancia del Coronel de la Remonta que entonces ocupaba el edificio para acuartelamiento de la tropa. En 1857 el ayuntamiento accedió a derribar el cuerpo superior, aduciendo el peligro de derrumbe. La torre seguramente flanqueaba la fachada por el muro norte de la iglesia, donde se aprecian las huellas y los huecos dejados por una construcción adosada.En nuestra fotografía, la presencia de varios carros y de escombros en el entorno de las ruinas parece indicar que el desmantelamiento y el acarreo de piedra y materiales de construcción, desde o hacia el monasterio, continúa produciéndose.
El derribo definitivo de la fachada debió producirse muy pocos años después. Antes desde luego de la visita de Gómez Moreno a Benavente en 1903‑1904, quien no hace la menor alusión a la misma. Tal vez, nuestro anónimo fotógrafo, conocedor del trágico destino que le deparaba a este edificio benaventano, quiso inmortalizar la estampa de una vieja gloria agonizante. Sirva este artículo como reconocimiento póstumo a su noble empeño.
Imágenes: 1. Fachada del monasterio a finales del siglo XIX; 2. Ruinas de San Francisco en los años 70 del siglo XX ; 3. Ruinas de San Francisco en los años 60 del siglo XX y 4. Vista actual del edificio de los Juzgados de Benavente.

lunes, 2 de junio de 2008

Benavente bien vale un Museo

Chronica Minora

Cacabelos es una villa y municipio de la comarca del Bierzo, con poco más de 5.000 habitantes, enclavada en pleno camino francés a Compostela, muy próxima a Ponferrada. Esto es, una cuarta parte de la población que aspira a reunir Benavente en un futuro no muy lejano.
Vecinos, autoridades y curiosos pudieron recorrer el pasado 26 de abril de 2008 los más de 1.200 m2 del flamante Museo Arqueológico de Cacabelos (MARCA), que abrió por primera vez sus puertas al público. En torno a 1.000 piezas, desde la Prehistoria hasta el siglo XX, con interesantes colecciones y fondos propios, así como otras piezas cedidas en depósito por particulares y el Museo de León. La colección museográfica se hospeda en un elegante edificio señorial de finales del siglo XIX, modélicamente restaurado y puesto en valor para este noble cometido.


Nacido con voluntad de perdurar y con la filosofía de un museo moderno, el MARCA (subrayemos y admitamos lo ambicioso de su acrónimo) alberga también un laboratorio, una biblioteca, oficinas, recepción-tienda, espacios para exposiciones itinerantes y salón de actos. No se olvida tampoco este vanguardista espacio arquitectónico de la accesibilidad, con un ascensor que proporciona rápido acomodo a sus tres plantas.
No todo pueden ser parabienes a esta sugerente propuesta. Algunos aspectos de la colección medieval, y especialmente la etnográfica, son manifiestamente mejorables, no estando a la altura desde luego de su sala arqueológica. Pero los museos deben ser vivos, deben saber evolucionar y ser sensibles a las críticas, y sin duda en Cacabelos se han puesto sólidos cimientos a una obra que con el tiempo, como el buen mencía del Bierzo, tendrá que madurar.
El visitante que desde Benavente se acerca a una exhibición como ésta de buen hacer, no puede menos que preguntarse, en un ataque de sana envidia, por qué oscuro designio la capital del condado no cuenta con una oferta museográfica, ya no de este calado, sino de ningún tipo.
Los viajeros y turistas que se asomen a nuestra ciudad, casi a las puertas de los 20.000 habitantes, deben poner gesto grave de incredulidad cuando desde la Oficina de Turismo se les informe de que aquí no hay museo que valga. Villas y poblaciones mucho más humildes, de menguadas arcas y reducida parroquia, pero con otra visión cultural y, ¿por qué no decirlo? comercial, han sabido sacar partido a sus recursos patrimoniales, por escuálidos que estos sean. Ofrecen así a sus visitantes muestras de lo más variado y pintoresco: museos de la campana, del juguete, del chocolate, del vino, del carro, del botijo o hasta del orinal, dicho todo ello sin ningún tipo de menoscabo.

No será por que Benavente y su Comarca no tengan posibilidades al respecto. Contamos con un territorio indudablemente rico en recursos patrimoniales, con un fecundo pasado histórico y artístico. El Condado de Benavente, en sus múltiples facetas, podría ser perfectamente el hilo conductor de un atractivo discurso museográfico, aunque las posibilidades no se agotan ciertamente aquí. Fondos arqueológicos dignos de toda solvencia están a disposición de las autoridades municipales desde hace años. Lo mismo se puede decir de las colecciones etnográficas, de los fondos documentales del Archivo Municipal, de los bienes muebles del Hospital de la Piedad, de las piezas depositadas en los Museos de León y Zamora, de puntuales obras artísticas de iglesias y monasterios benaventanos susceptibles de cesión, depósito, etc. Igualmente habría que citar un volumen considerable de piezas en manos de particulares, esperando desde hace largos años a que se cree una institución con unas mínimas garantías para acogerlas y exponerlas con decoro.
El Hospital de la Piedad, convenientemente restaurado y acondicionado, sería sin duda el marco más adecuado para este proyecto. Resulta incomprensible que en pleno siglo XXI se destine un Bien de Interés Cultural de estas características a asilo de ancianos. Los fines de esta institución son ciertamente loables, pero al socaire de unos estatutos decimonónicos se está infrautilizando un edificio singular, para unas funciones y servicios que bien podrían prestarse más adecuadamente en unas instalaciones modernas, de nuevo cuño. Tal y como las actuales necesidades de la atención a la Tercera Edad requieren.
Pero no es por la indisponibilidad de un local adecuado, por la falta de piezas, por la ausencia de infraestructura turística, ni si quiera por el coste económico que pueda suponer, por lo que Benavente carece de un museo. Todos estos imponderables acabarían siendo solventados de una forma u otra. La razón principal por la que a día de hoy, año 2010, Benavente está huérfana de una institución así es por que este asunto nunca ha sido entendido como una prioridad.
Unos munícipes miopes, de todo signo y condición, no han sabido ponderar la importancia para una ciudad como la nuestra, privilegiadamente comunicada, de una oferta cultural y turística variada y de calidad. Un museo no es un gasto prescindible, un asunto incómodo, un roto o un descosido en el presupuesto. Es una inversión inaplazable y perfectamente rentabilizable si se sabe hacer atractiva.
Pero a estas alturas de la película, con la competencia y los ejemplos de calidad existentes, no es válido ya cualquier museo. No estamos hablando de abrir al público un chiringuito, sino de un Museo de Benavente y su Comarca o, mejor aún, de un Museo del Condado de Benavente (Un MUBECO ó un MUCOBE por seguir con el guiño a los acrónimos rimbombantes). Para su puesta en marcha es imprescindible un buen guión, un solvente plan museográfico, bien argumentado, mejor diseñado y ortodoxamente materializado.
Algunas iniciativas en este sentido se han hecho desde personas e instituciones desinteresadas (léase Ledo del Pozo), cayendo una vez más en saco roto. Por eso, las noticias y rumores, cuando no ocurrencias, que se dejan caer periódicamente sobre posibles y futuribles "museos" benaventanos no dejan de sembrar un mar de dudas y desconfianzas. El tiempo dirá si Benavente pone proa hacia un MUSEO, con mayúsculas, o zozobra en el museo del botijo.
Imágenes: 1. Fachada del edificio del museo; 2. Vista de la Sala de Prehistoria y Arqueología y 3. Recreación de la talla de útiles prehistóricos.